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I Sábado de Adviento

ANUNCIACIÓN

Los iconos, de manera especial para los cristianos orientales, se fundan, precisamente, en el misterio de la Encarnación. Si el Verbo de Dios se ha hecho carne, la carne revela a Dios. Si Dios se ha hecho materia, la materia queda divinizada.

Los místicos han sabido plasmar sobre tabla, memoria del árbol del paraíso y del árbol de la Cruz, la Historia de Salvación, en concreto han plasmado el misterio de la Anunciación. 

En el icono que contemplamos sorprenden las posturas del ángel y de María, que permanecen de pie. Ella está sobre escabel, mientras que el ángel está descalzo. El icono representa a la Virgen del Signo, pues se dibuja dentro del seno de María al Hijo engendrado por obra del Espíritu Santo.

En principio, los iconos se pintaban sobre una superficie lisa, de madera, con el rebaje de los bordes de la tabla, alusión al misterio pascual. Pero el arte ha evolucionado a lo largo de los siglos y además de la madera o de los lienzos de pared, ha esculpido y forjado en otros materiales imágenes, llamadas de bulto, que representan con mayor realismo el Misterio de la Encarnación.

El asombro de la Virgen ante el anuncio del ángel, según se contempla en las esculturas, colocadas en los jardines de la basílica de la Anunciación de Nazaret, nos invita también a nosotros a una actitud de embeleso, de sobrecogimiento.

Una expresión evangélica que está en labios de Jesús en los diferentes relatos de curación es: “Ponte en pie”; “Levántate”. Ante las dos obras de arte que muestran a los personajes erguidos, tenemos la invitación de reaccionar como lo hizo María que, según el texto evangélico, nada más ausentarse el mensajero divino, se levantó y se puso en camino. Estar de pie significa fortaleza, novedad de vida. 

El Adviento es camino, sendero hacia la montaña de Judea, hacia el portal de Belén, con María, en actitud de donación total y por amor.