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Al alba en Galilea

Enseguida de tomar la barca,

quise apuntar notas del encuentro,

intuido esbozo del poema,

ante íntima cita presentida.

Me esperaste, al alba, en Galilea,

anticipaste hora de la cita,

viento recio precedió el encuentro,

al sentirte nuevamente amigo.

Privilegio es creer en la espera,

Sin importar que arrecie el miedo,

Solo pides no amedrante el alma.

Aunque se levante la tormenta.

La memoria vence los temores,

De que pases sin sentirte amigo

Porque siempre que crucé este lago,

te hiciste en la brisa encontradizo.

Por más que no sienta tu presencia,

Te dejas reconocer al alba,

En viento recio, y en marejada,

En brisa suave o en mar rizada.

Quisiera apresar este momento,

De cita amiga sobre cubierta,

Abrazado el interior de luz,

Sumergido en íntima presencia.

No quiero olvidar esta frescura,

De brisa azul, y rayos de plata,

Anticipo de encuentro íntimo,

Espejado en el hondón del alma.

Cómo decir el gozo y la calma,

íntima alegría, envuelto en viento,

sin poder demostrar el abrazo,

¡Por no aparecer presuntuoso!

Solo quiero decir como Pedro,

Aún a esta orilla de la vida,

Que no te fijes en mis huidas,

Ni te fijes en mis evasivas.

Solo quiero decir como Pedro,

A pesar de dudas y temores,

Desde mis torpezas reiteradas,

Creo en ti, Tú sabes que te quiero.

Como tu discípulo primario,

En momentos recios de tormenta,

Sálvame, Señor, tiende tu mano,

Y evita siempre mi hundimiento.

Quiero como él ir detrás de ti,

Y sin mirar agraviado al lado,

seguir a la voz de tu llamada,

Sin excusa en el quehacer del otro.

Gracias por tu paso tan discreto,

Instante hecho brisa, viento, abrazo,

Gracias por la cita en Galilea,

Por haberme otra vez esperado.

No sea solo sentimiento,

esta experiencia consoladora,

sea seguimiento acrisolado

pueda el amor siempre profesado.