Solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz

50 ANIVERSARIO DE MI ORDENACIÓN SACERDOTAL

HOMILÍA

Historia

La Iglesia en este día celebra la veneración a las reliquias de la cruz de Cristo en Jerusalén, tras ser recuperada de manos de los persas por el emperador Heráclito. Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar una cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la cruz en el sitio donde antes era venerada. Los fragmentos de la santa Cruz se encontraban en el cofre de plata dentro del cual se los habían llevado los persas, y cuando el patriarca y los clérigos abrieron el cofre, todos los fieles veneraron las reliquias con mucho fervor, incluso, su produjeron muchos milagros.

Cuarentena

Del 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor, al 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Cruz, van cuarenta días. La Cuarentena luminosa.

Providencia

Este día, hace 50 años, fui ordenado sacerdote, y enviado, poco después a este lugar, donde se venera desde el siglo XIII la imagen de Cristo, que nos preside, fiesta patronal de La Buenafuente del Sistal.

Comentario

¿Por qué, Señor, tomas por imagen el símbolo más contrario, estigmatizado desde el principio, la serpiente, para ofrecer tu salvación? ¿Acaso quieres decirnos en tal concurrencia, al evocar la serpiente, animal que personalizó al Malo, al tiempo de tu signo redentor, para mostrarte antídoto del mal?

En una ocasión, de manera sorpresiva entraste a un lugar de culto pagano, la piscina de Betesda, donde acudían los enfermos, para pedir la salud al dios de la medicina, Esculapio, cuyo logo es una serpiente elevada en un báculo. Mas fuiste Tú quien levantó de su camilla al paralítico, devolviéndole la salud, diciéndonos, en verdad, de dónde nos viene la salvación y quién es médico de nuestras almas.

¡Qué paradoja, que tomes como enseña la imagen del Tentador, y el símbolo del dios pagano! Y que Providencia que te veneremos aquí como Cristo de la Salud. La serpiente venenosa, ha perdido el poder. La serpiente tentadora, ha perdido la seducción. La serpiente astuta, ha sido vencida por quien es la Verdad. La serpiente enredada en el árbol, ha sido suplanta por ti y vencida en el mismo árbol seductor. Desde entonces lo que parecía título de condena, se ha convertido en protocolo de salvación. El que venció en un árbol, en un árbol ha sido vencido.

Sin duda que nadie podrá decir que no te haces solidario de su tentación, de su postración, de su pecado, cuando tomas el lenguaje simbólico más próximo, a lo que hemos identificado como el mal.

Tú vences al Malo. Donde está el pecado, Tú has puesto la salvación; en la herida has derramado el bálsamo. San Pablo te define rebajado de tu dignidad divina, hecho como un hombre cualquiera, para que cualquiera de nosotros sienta tu mano tendida, que nos levanta de toda postración, por mucho tiempo que hayamos estado enfermos.

Quisiste hacerte la vid y su fruto, para redimir la infidelidad de la viña asesina. Te diste como pan y bebida, como respuesta a la rebeldía de tu pueblo. Nos dejaste voluntariamente tu túnica de primogénito, y asumiste el mayor despojo en la Cruz. Asumiste nuestra carne débil y la desposaste con tu divinidad en lecho del madero. Te mostraste sediento, cuando eres el manantial de vida eterna.

Jesucristo, quien te mire se verá en ti acompañado. Quien te contemple, te percibirá solidario. Quien se detenga ante tu imagen, te observará traspasado. Quien te llegue a amar, se sentirá curado. Tus heridas son manantial de gracia, nos han curado de desesperanza, y convierten las nuestras en profecía, al permitir que compartamos las nuestras contigo.

Jesucristo, tu Cruz vence al mal, es llave de sabiduría, llena nuestras dolencias de sentido redentor, y se convierte en bordón, para el camino por el desierto. Ya no hay Cruz, sin sentido. No hay Cruz morbosa, despótica, castigadora. Tú en la Cruz redimes, salvas, perdonas, amas, bendices.

Es a la sombra de tu Cruz como se comprende mi itinerario por el desierto de la existencia.