XVII Domingo del Tiempo Ordinario

TEXTO EVANGÉLICO

“Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre” (Lc 11, 9-10).

COMENTARIO 

Los discípulos, al ver orar a Jesús, sienten una sana emulación y desean rezar también ellos. Buena pedagogía del Maestro: en vez de imponer, atraer. Cuando la práctica religiosa se experimenta como obligación, se rechaza, pero si se siente el atractivo de la llamada, surge la devoción y el deseo, como les sucedió a los discípulos: “Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos» (Lc 11, 1).

A punto de comenzar el mes de agosto, para muchos un tiempo de descanso, la enseñanza de Jesús se hace oportuna. Es legítimo irse al monte o al mar, Jesús lo hacía, pero en ambos espacios, lo vemos orar: “Subió al monte a solas para orar” (Mt 14, 24). Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar” (Mc 3, 7). “Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar” (Mt 13, 1). “Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar” (Mc 1, 35).

En la oración cabe cantar las maravillas de la creación y la bondad de los hombres; es posible unirse a la esperanza de los pueblos y al gemido de los que sufren; elevar el grito de los que desesperan, y también el silencio y la ofenda de los que aman. Orar en las pruebas es llamada de socorro. En quien se siente hechura de Dios la oración se convierte en una actitud permanente de agradecimiento por saberse pertenencia divina. “Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que ya vivamos ya muramos, somos del Señor” (Rom 14, 8).

CUESTIÓN 

¿Rezas? ¿Lees las Sagradas Escrituras? ¿Te has propuesto en el tiempo de descanso algún ejercicio espiritual?