XVI Domingo del Tiempo Ordinario

TEXTO EVANGÉLICO

Yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada» (Lc 10, 38-42).

COMENTARIO

Observamos en el texto la reiteración de los nombres de las amigas de Jesús. Marta sale cuatro veces, mientras que María, dos. En ello se puede apreciar que la enseñanza no es contra Marta, si toma tanto protagonismo. 

Se ha hecho clásico el comentario sobre este evangelio en el que Marta queda un tanto desacreditada por su nerviosismo, a pesar de ser ella quien hacía posible que el Señor cenara en Betania. 

Nadie duda de la contemplación de Santa Teresa de Jesús, y sin embargo, la maestra de oración sale fiadora de la hacendosa Marta. Santa era santa Marta, aunque no dicen era contemplativa. Pues ¿qué más queréis que poder llegar a ser como esta bienaventurada, que mereció tener a Cristo nuestro Señor tantas veces en su casa y darle de comer y servirle y comer a su mesa?” (CP 17, 5) Es gran merced ésta a quien el Señor la hace, porque vida activa y contemplativa es junta. De todo sirven entonces al Señor juntamente; las otras dos potencias sirven en lo que Marta; así que ella y María andan juntas.” (CP 31, 5) “No nos pase por pensamiento; creedme, que Marta y María han de andar juntas para hospedar al Señor y tenerle siempre consigo, y no le hacer mal hospedaje no le dando de comer. ¿Cómo se lo diera María, sentada siempre a sus pies, si su hermana no le ayudara? Su manjar es que de todas las maneras que pudiéremos lleguemos almas para que se salven y siempre le alaben” (M VII, 4, 12).

La contemplación se objetiva por la misión, y la misión se trasciende por la contemplación. El problema surge de la separación. Son muchos los maestros espirituales que recomiendan las dos dimensiones. “Ora et labora” (San Benito); “Contemplativos en la acción” (San Ignacio). “Acción y contemplación” (T. Merton). “Entre el desierto y plaza de mercado” (Hume).

CUESTIÓN

En ti, ¿se da la unión de acción y contemplación o la contraposición?