Carta de Pascua de Pentecostés 2019

“Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños”

Gracias al Espíritu de Dios, la creación entera está remecida de bondad y de belleza, tanta, que suscitó incluso la satisfacción del Creador: “Y vio Dios que todo era muy bueno”.

El Espíritu divino exhaló sobre la humanidad el aliento de vida y desde el comienzo cada persona ha recibido el don de la existencia, gracias al amor de Dios. 

En la hora de su muerte, Jesucristo entregó su espíritu e introdujo en el corazón de los discípulos la semilla fecunda del Evangelio, y la fuerza por lo que se ha difundido hasta hoy el acontecimiento de la Pascua del Señor.

Gracias al Espíritu Santo, huésped invisible en el corazón del hombre, a pesar de la fragilidad y hasta del pecado, emerge el movimiento humilde de la reconciliación, de la solicitud y del ofrecimiento del perdón.

Gracias a las mociones consoladoras que provienen del Espíritu Santo, hay quienes se arriesgan a seguir el camino del Evangelio y se convierten en profecía de eternidad.

Gracias al Espíritu Creador que inspira a los fieles, somos testigos de la belleza artística, del decir poético, de la labor artesana, del servicio desinteresado, de los gestos magnánimos, de las lágrimas compasivas.

Gracias al Espíritu Santo no se agotan la inspiración ni la creatividad, ni se seca la fuente de los sentimientos más nobles, de las presencias más arriesgadas por razón del amor. 

Soy testigo de la fidelidad matrimonial, de la estabilidad monástica, del ministerio silencioso de los presbíteros, del testimonio probado de laicos comprometidos, gracias a los dones del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo mueve a muchos a realizar gestos solidarios, ofrecimientos gratuitos de entrega anónima, a optar por proyectos creyentes y testimonios comprometedores por coherencia con la fe.

El Espíritu Santo llega a mover a muchos fieles a adorar el Misterio de Dios, a servir a los más necesitados, a perdonar los agravios, a consagrar sus vidas, a amar y a confiar en la Providencia.