Domingo de la Divina Misericordia

“Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré su fidelidad por todas las edades. Dad gracias a Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.”

La misericordia tiene su matriz en el corazón. Cuando se conmueven las entrañas, nace la misericordia. Cuando uno se acuerda del perdón recibido, se mueve a perdonar.

Si uno desea seguir lo que Dios quiere, sabe que Él prefiere la misericordia al sacrificio.

Cuando se llega al límite de la propia debilidad, y se tiene la tentación de permanecer hundido, es posible levantarse y comenzar de nuevo, gracias a la misericordia.

Cuando asalta la mala memoria y surge la nostalgia de la tierra de esclavitud, si se ha celebrado la misericordia, es posible defenderse del halago de las malas pasiones. 

Si a cada uno nos gusta que nos comprendan, que nos den tiempo para subsanar nuestros errores, y hasta que nos perdonen las faltas, lo justo es medir de la misma manera a los demás y practicar la misericordia.

La misericordia no es transigencia con el mal, sino con el que lo comente, Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva.

La misericordia identifica a Dios, Él es el Misericordioso, lento a ira, rico en piedad.

Por la entrañable misericordia de Dios hemos sido redimidos por su Hijo Jesucristo.

La misericordia diviniza y humaniza a la persona; hace habitable la casa, la comunidad, la amistad, la convivencia. Una amistad se demuestra por las veces que se han superado las crisis, gracias al perdón.

La santidad y la perfección se miden y se demuestran por la misericordia que practicamos. La misericordia es posible si se tiene conciencia de necesitarla. El perfeccionista se vuelve intransigente, juez, y hasta insoportable, el santo es exigente para sí, misericordioso para los demás.

La misericordia deja lugar a los procesos de maduración personal. La misericordia se opone a llevar cuentas del mal, y permite el encuentro más noble entre personas. 

El misericordioso siembra para sí cosecha de perdón.