No hay peregrinación igual

Una peregrina, amiga de Buenafuente, que lleva hechas más de 25 peregrinaciones, suele afirmar que no hay peregrinación igual. Siempre sucede algo nuevo, se celebra en lugar diferente, se visita un último hallazgo arqueológico, acontecen circunstancias personales diversas…

Doy fe de que la afirmación de la veterana peregrina es verdad. En mis cincuentas veces que he visitado los lugares santos, no había tenido la experiencia de permanecer, a primera hora del día, en el jardín de Getsemaní, para orar sin tiempo. ¡Cómo resonaba entre los olivos la recitación del salmo!: “Alzo mi voz gritando, alzo mi voz a Dios para que me oiga. ¿Es que el Señor me rechaza para siempre?”

Y me venían a la memoria las intenciones acumuladas de tantos de vosotros que seguís confiando en la oración intercesora. Precisamente en el Huerto de los Olivos hemos escuchado la recomendación del Maestro de orar, para no caer en la tentación. 

La escena evangélica de los discípulos dormidos, inconscientes del drama de Jesús, nos dejaba un sabor agridulce. Un sacerdote me comentaba, siempre que rezo el pasaje de la traición y prendimiento de Jesús rezo un tanto avergonzado.

Es verdad, los discípulos más amigos del Nazareno se durmieron, no sé si por inconsciencia, o por defenderse del drama. Sin embargo, la sorpresa no terminaba con la oración prolongada al alba en Getsemaní. A última hora nos hemos acercado al patriarcado armenio de Jerusalén, para visitar la iglesia de Santiago. Nunca había estado en ella, y ha sido un momento especial, por la acogida que nos han hecho los armenios, al decirnos que éramos una bendición para ellos el que deseáramos visitar su iglesia, y por el hecho mismo de venerar el lugar donde fue martirizado el Apóstol patrono de España.

Nos acompañaban tres sacerdotes de la diócesis de Santiago de Compostela, y ha sido una verdadera bendición para todos besar el lugar sagrado donde el discípulo amigo de Jesús, que tuvo la debilidad de dormirse en la noche del prendimiento, fue el primero en dar la vida como testigo de Jesucristo. 

Nuestra historia la deberemos leer, como el Evangelio, desde el final al principio, desde la luz de Pascua. Es muy diferente la noticia sobre uno de los hijos de Zebedeo, Santiago, que pudo desear el poder, si sabemos que entregó su vida como verdadero testigo de su Maestro.

Cada uno debemos leer nuestra historia personal desde la perspectiva de la Pascua de Jesucristo, y comprender anticipadamente que será desde el punto final de nuestra andadura terrena, cuando podremos comprender tantos momentos límite con un sentido luminoso. Te lo deseo.