Epifanía

Gusté la luz, interna presencia.

Vi la estrella e inicié el camino.

Y avancé tras el horizonte,

confiado, detrás de su brillo.

Pronto desapareció la luz,

se ocultó el lucero en noche oscura,

Sentí, indefenso el vértigo.

Seguir el sendero era locura.

La luz de las estrellas es recuerdo.

La etapa permanece en la espera.

Momento recio, corrido a tientas,

dando solo crédito a la promesa.

Cuando todo queda oscurecido,

muy difícil serenar el alma,

pues la mente juzga en anticipo,

por si la noche ha podido al alba.

Susurro de sabios es la espera.

Un hilo de voz, se oye muy quedo,

que impide volver atrás los ojos,

levantar deprisa el campamento.

Tienta acudir a lo inmediato,

a lo que se palpa con la mano.

Mas no es por la percepción sensible,

que reencuentran sentido los pasos.

Y de pronto, amanece muy dentro,

¡la inesperada luz de la estrella!

Surge la experiencia luminosa.

No hay razón de provocar certezas.

Sin esfuerzo de subir al monte,

la cima se alcanza por sorpresa.

¡Es verdad, sincera, la promesa!

No es en vano el tiempo de la espera.

Es hallazgo del creyente recio

no hacer mudanza en tiempo oscuro.

El testigo queda para siempre

memorioso del amor seguro.

                              Ángel Moreno, Epifanía 2019