Solemnidad de la Madre de Dios

BENDICIÓN

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz” (Núm 6, 24-26).

EL SEÑOR TE BENDIGA Y TE PROTEJA 

Como saludo, en el año nuevo, te envío mis mejores deseos. Para los que creen, la bendición y el cobijo entrañable de Dios se fundan en su Providencia divina, en su opción de venir a nuestro lado, y en la certeza de contar con su auxilio, que se expresa en las palabras del patriarca Isaac: “Que Dios te conceda el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo y de vino” (Gn 27, 28). Al comenzar el año y reiniciar cada uno su camino, te deseo lo que el anciano Tobías pidió para su hijo: “Que el Dios del cielo os proteja y devuelva sanos. Que su ángel os acompañe y proteja” (Tb 5, 17). María es la Bendita de Dios.

EL SEÑOR ILUMINE SU ROSTRO SOBRE TI Y TE CONCEDA SU FAVOR

Somos reflejo del rostro de Dios. Él nos ha creado a su imagen. Si el ser humano toma conciencia de hermandad cuando mira a otra persona, al mirar a Jesús, el Hijo de Dios, nos sorprendemos de la semejanza que tenemos con Él; Si os volvéis a él de todo corazón y con toda el alma, siendo sinceros con él, él volverá a vosotros y no os ocultará su rostro” (Tb 13, 6). En Jesús, el Hijo de María, los santos han encontrado el espejo donde mirarse. Ella se extasió ante lo que le decían los pastores, y se admira al ver sus mismos rasgos en Jesús.

Este día nos decimos: “Feliz año”, y sin duda que la mayor felicidad posible va de la mano del favor divino. “El Dios de nuestros padres te conceda su favor y haga realidad tus planes para gloria” de su nombre (Jd 10, 8). Isabel saludó a María: “Feliz tú, porque has creído”.

EL SEÑOR TE MUESTRE SU ROSTRO Y TE CONCEDA LA PAZ

Ver el rostro del Señor y reconocerlo es creer en Él, sentir su presencia inapresable, pero cierta, vivir bajo la entrañable mirada divina. Quienes se sienten mirados por el Señor alcanzan el mayor gozo y serenidad de ánimo. El salmista implora: “Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro».  Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro” (Sal 26, 7-9). La prueba de que estamos bajo la mirada del Señor es la experiencia íntima de la paz. La paz es el mayor don que puede sentir el alma, y proviene de Dios, cuando uno camina en su voluntad. Para saber si caminas según el querer divino, observa si sientes o no la paz en el corazón. Es aforismo para el discernimiento: “Tanto en paz, tanto en Dios”.

Los ángeles nos desearon la paz en el momento del nacimiento de Jesús. El mismo Jesús resucitado saludó a los suyos con la paz, y el Maestro enseñó a sus discípulos a desear la paz a quienes los recibieran. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde” (Jn 14, 21). María es la Reina de la Paz. 

¡Feliz año 2019!