Boceto

En muchas obras de arte se descubre que el artista, antes de ejecutarlas, ha hecho un boceto, o cartones, en caso de fabricar algún tapiz, y después él lleva a cabo en bronce, en piedra, en pintura…, lo esbozado.

Al cruzar el mar de Galilea, ante la imposibilidad de detener la travesía, sobre cubierta he tomado notas, que me sirvieran para plasmar después el paisaje interior y describir detenidamente la experiencia espiritual sentida.

La luz al alba, la bonanza del clima, la calma de las aguas, la presencia íntima, el deseo de sentir la experiencia interior, sin pretenderla, me envolvieron, y el abrazo del alma se hizo historia, por el viento sentido. La mirada en las entrañas tomó protagonismo, mientras la paz de la conciencia se afirmaba. La memoria revivía el recuerdo de otras veces, y en la mente se imponía el deseo de que otros amigos tuvieran las mismas sensaciones en sus pruebas. 

En el curso del viaje me preguntaba ¿qué tiene Galilea que fascina tanto? Acaso la causa consiste en que es Evangelio vivo, buena nueva, que incluso se percibe en la piel y en la conciencia. He sentido el perdón, el eco de la misericordia, la misma que sintiera aquel tullido de Cafarnaúm; he pedido la luz de los ojos, como aquel ciego de Betsaida; me ha venido la fuerza en el corazón, movimiento que sintiera Mateo al paso de Jesús; se han instalado en mí los deseos más nobles, semejantes a los de aquellos pescadores. Envuelto en alegría, por la presencia invisible, pero cierta, de quien en este Mar llamó al seguimiento a sus discípulos, sentí el privilegio de la fe.

A la hora de tomar el apunte rápido, quisiera mantener muy dentro las Palabras de Jesús dirigidas al apóstol Pedro, y también guardar en el recuerdo la abundancia de pan y de pescado sobre las brasas, preparado por manos del Maestro. Quisiera mantener, grabada en la memoria, el arropo que hace el viento en Tiberiades que, aun en caso de que sea recio, es aún mayor el amor sentido como abrazo.

Cada vez que tengo el privilegio de hacer la travesía del Mar de Galilea, intuyo la vibración emocionada, y nunca queda sin respuesta la cita amiga sobre cubierta. Y siento nervioso el corazón ante el reitero de la pregunta más reveladora del Evangelio: ¿Me amas? ¿Me quieres? Que provoca la respuesta más noble de mí mismo, aunque sienta la herida.

Hoy dejo sobre el papel el boceto, el apunte de los rasgos más gruesos, las líneas que convergen en el punto de luz, en el más profundo centro. Luz sentida como paz, y equidistancia de las sombras. Y surge la reacción agradecida, el deseo de la ofrenda por tantos que quisiera percibieran el mismo acontecimiento, al tiempo de la luz recién amanecida o en el ocaso, pero para siempre experiencia pascual que transforma el sentido de la vida. 

Y surge el diseño, para cuando llegue a casa perfilar el paisaje y completar la escena. El apunte suscitará la memoria y reviviré la experiencia. No quisiera que se quedara en apuntes al vuelo, sino que se consumara el proyecto, hecho encuentro amigo permanente.