Santa Teresa y la Iglesia

La Providencia me permite celebrar la Eucaristía en el día de Santa Teresa en la Iglesia del Jesú de Roma, donde vivió san Ignacio de Loyola, a quien tanto admiró la Santa. Precisamente, la nueva Santa española se llama Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús

La razón ha sido el deseo de acompañar a las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, quienes me regalaron el cáliz de mi ordenación, y fueron las primeras hermanas que se acercaron a Buenafuente a hacer Ejercicios Espirituales, con motivo de la canonización de su Fundadora, Madre Nazaria Ignacia de Santa Teresa. 

De la fachada de la basílica de san Pedro colgaban hoy siete tapices con los rostros de los nuevos santos: Pablo VI, Oscar Romero, Francisco Spinelli, Vicente Romano, María Catalina Kasper, Nazaria Ignacia; y un joven laico, Nunzio Sulpricio. 

En este tiempo “recio”, y como resonancia de la santidad de los siete nuevos hijos de la Iglesia, que representan toda su riqueza, he escogido tres textos teresianos, relacionados con la Iglesia.

“En todo me sujeto a lo que tiene la madre santa Iglesia Romana (9), y con determinación que antes que venga a vuestras manos, hermanas e hijas mías, lo verán letrados y personas espirituales.” (Fundaciones, Prólogo 6).

“¡Ea, pues, hijas mías!, ésta ha de ser nuestra divisa, si hemos de heredar su reino; no con descansos, no con regalos, no con honras, no con riquezas se ha de ganar lo que El compró con tanta sangre. ¡Oh gente ilustre! Abrid por amor de Dios los ojos. Mirad que los verdaderos caballeros de Jesucristo y los príncipes de su Iglesia, un San Pedro y San Pablo, no llevaban el camino que lleváis. ¿Pensáis por ventura que ha de haber nuevo camino para vosotros? No lo creáis.” (Fundaciones 10, 11). 

Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudiéremos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo y el aumento de la Iglesia Católica.” (Moradas IV, 1, 7).