XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Gn 2, 18-24; Sal 127; Hbr 2, 9-11; Mc 10, 2-26

Las lecturas de este domingo pueden parecer contraculturales en momentos en que insistentemente se nos informa de hechos que allanan toda diferencia personal y homologan toda clase de unión y de relación afectiva.

La Sagrada Escritura es contundente cuando afirma: “Abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. Esta expresión va a determinar no solo la relación matrimonial, sino que será el analogado para describir las alianzas de Dios con su pueblo. La Biblia toma como imagen referente la unión matrimonial de esposo con esposa para revelar el amor de Dios. “Vosotros seréis mi pueblo (esposa), Yo seré vuestro Dios (esposo)”. “Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó. La alegría que encuentra el marido con su mujer, la encontrará tu Dios contigo” (Is 62). 

El Papa, en la audiencia a un grupo de jóvenes franceses el 17 de septiembre, 2018, dijo: "Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, la Biblia dice que ambos fueron hechos a imagen y semejanza del Creador. Ambos, no sólo Adán o sólo Eva, sino ambos —conjunto— ambos. Y Jesús va más allá, y dice: por esta razón el hombre, y también la mujer, dejarán a su padre y a su madre y se unirán y se convertirán en una sola carne: esta es la grandeza de la sexualidad. Y así tienen que hablar de la sexualidad".  

La familia es un don. La estabilidad familiar una referencia sanadora y un puerto franco, una solidaridad gratuita. El regalo de reunir a los miembros en torno a la mesa es una bendición: “Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa” (Sal 127). Los sociólogos, que evalúan las preocupaciones y valores de los ciudadanos y llegan a ofrecer estadísticas concretas, más o menos científicas, afirman en su totalidad que la familia es la realidad más valorada por los jóvenes.

El Evangelio pone en labios de Jesús la referencia al libro del Génesis: Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» 

Sin juzgar a nadie, en una cultura que se define como líquida, sin formas referentes, la Palabra ofrece el paradigma de la familia como referente positivo y reestructurador de la sociedad.