Don de Entendimiento

LO QUE NO ES

Los dones del Espíritu Santo son gracia, y nosotros podemos colaborar con Él ensanchando nuestra capacidad, pero nunca son fruto de nuestra pretensión dominadora.Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no confundió Dios la sabiduría del mundo?” (1Co 1, 19-20)

LO QUE ES

El Entendimiento es el don de comprender y guardar la Palabra. “Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar las verdades reveladas”.

SANTA TERESA DE JESÚS 

“Tenía este modo de oración: que, como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí, y hallábame mejor -a mi parecer- de las partes adonde le veía más solo. Parecíame a mí que, estando solo y afligido, como persona necesitada me había de admitir a mí. De estas simplicidades tenía muchas” (Vida 9, 4).

LOS PAPAS

“La palabra “inteligencia” deriva del latín intus legere, que significa “leer dentro”, penetrar, comprender a fondo. Mediante este don el Espíritu Santo, que “que escruta las profundidades de Dios” (1 Co 2, 10), comunica al creyente una chispa de esa capacidad penetrante que le abre el corazón a la gozosa percepción del designio amoroso de Dios (San Juan Pablo II).

“El don de entendimiento, para que comprendáis a fondo la Palabra de Dios y la verdad de la fe” (Benedicto XVI).

“No se trata de una cualidad intelectual natural, sino de una gracia que el Espíritu Santo infunde en nosotros y que nos hace capaces de escrutar el pensamiento de Dios y su plan de salvación” (Francisco).

SÚPLICA

¡Ven, ilumina nuestra inteligencia para comprender desde ti la realidad! ¡Mueve nuestra voluntad para que abracemos gozosos el querer divino! ¡Ilumínanos y concédenos el don de discernimiento!

REGALO DEL DON DE ENTENDIMIENTO

“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4). “El que oye la Palabra y la comprende, éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta” (Mt 13, 23).