Pascua 2018

En la noche solemne de Pascua, escuchamos el relato de la creación primera, en el que, como cadencia, el texto bíblico culmina cada jornada con la expresión: “Pasó una tarde, pasó una mañana, el día primero…” (Gn 1, 5. 8. 10). 

Dentro de la liturgia de la Palabra de la Gran Vigilia, se recomienda leer sobre todo el relato del Éxodo, cuando Israel atravesó el Mar Rojo a pie enjuto, y de nuevo se señala el ciclo de la noche y el día: “Y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. (…) Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre” (Ex 14, 21. 27).

Las travesías del Lago de Galilea descritas en los evangelios se inician al atardecer; se atraviesa la tormenta nocturna y se llega a buen puerto a la cuarta vigilia. Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaúm. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando” (Jn 6, 16-18). Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar. Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron. Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».” (Mc 6, 48-50). Es fácil encontrar en estos textos resonancias de la travesía del Mar Rojo.

El Triduo Pascual comienza al atardecer del jueves santo: “Al atardecer se puso a la mesa con los Doce” (Mt 26, 20), y culmina al alba del domingo: “Resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena” (Mc 16, 9). Y resuenan las palabras que dirigió el Nazareno a las mujeres en la mañana de Pascua: “No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28, 9), las mismas que el Maestro les dijo a los discípulos en el momento de la tormenta.

Estas concurrencias no son fortuitas, sino que nos revelan la clave para saber interpretar los diversos avatares de nuestra existencia, en la que caben momentos placenteros, como puede significar el embarcar a la hora de la brisa, a la puesta del sol, en la hora del descanso, una vez hechas las tareas. Pero no siempre las aguas del mar son amables; a veces el viento contrario, la tormenta y  el encrespamiento de las olas pueden producir angustia, miedo y temor de hundirse. ¡Tantas veces nos sucede que una prueba nos parece insoportable! Pero si tenemos en cuenta todo el ciclo, la jornada no acaba a medianoche ni con el huracán que levanta las olas hasta anegar la barca, sino al alba, con la luz del día y las aguas remansadas.

Los creyentes recibimos en la Noche Pascual la iniciación sagrada, sumergidos en las aguas bautismales, y renacidos a la luz de Cristo resucitado, para saber interpretar los acontecimientos de la vida desde la perspectiva del ciclo de la luz del Misterio Pascual.

Nos corresponde grabar en la memoria que si al ocaso le sucede la noche, la oscuridad es vencida por el amanecer. Cristo resucitado es ya Luz sin ocaso. 

¡Feliz Pascua de Resurrección!