La música en los santos

San Basilio (330-379): «¿Quién podría considerar enemigo a alguien con quien se canta como en una voz para dar gloria a Dios? Por tanto, el canto de los salmos también engendra caridad, la más valiosa de las bendiciones...».

San Ambrosio (340-397): La tradición narra que San Ambrosio compuso y cantó el Te Deum de manera espontánea a la hora del bautismo del joven Agustín.

San Agustín (354-430): “Un himno necesita tres elementos: canto, alabanza y alabanza a Dios. “¿Conoces lo que es un himno? Es un canto de alabanza a Dios. Si tú alabas a Dios y no cantas, tú no expresas un himno, si tu cantas y no alabas a Dios sino otras cosas, tu no expresas un himno" (Comentario al salmo 148).

San Benito (480-547): “Todos se levantarán inmediatamente cuando el cantor comienza el gloria, en señal de honor y reverencia a la Santísima Trinidad”. 

Cantad al Señor un cántico nuevo,  porque ha hecho maravillas:  Tañed la cítara para el Señor,  suenen los instrumentos:  con clarines y al son de trompetas,  aclamad al Rey y Señor
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor

San Gregorio Magno (540-604). Ordenó la fundación de escuelas de música que nutrieran de cantantes especializados a las iglesias.

San Bernardo (1090-1153): Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón”.

San Francisco de Asís (1186-1226: “Alabado seas mi Señor por todas las criaturas”.

Santa Teresa (1515-1585). “Muchas veces lo digo: que por poco que sea el punto de honra, es como en el canto de órgano, que un punto o compás que se yerre, disuena toda la música.

San Juan de la Cruz (1542.1591): “Mi Amado, las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, los ríos sonorosos, el silbo de los aires amorosos, la noche sosegada en par de los levantes del aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora.”

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897): “Antes del viaje a Roma, yo no tenía especial devoción a esta santa (Cecilia). Pero al visitar su casa, convertida en iglesia, y el lugar de su martirio, al saber que había sido proclamada reina de la armonía, no por su hermosa voz ni por su talento musical, sino en memoria del canto virginal que hizo oír a su Esposo celestial escondido en el fondo de su corazón, sentí por ella algo más que devoción: una auténtica ternura de amiga...

San Pio X (1835-1914): “Los cantores desempeñan en la Iglesia un oficio litúrgico”.

Beato Pablo VI (1897-1978): “Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración. Y todo ello está en vuestras manos”. 

San Juan Pablo II (1920-2005): “La especial atención que se ha de dedicar a la música sagrada deriva del hecho de que "como parte integrante de la liturgia solemne, la música sagrada tiende a su mismo fin, el cual consiste en la gloria de Dios y la santificación y edificación de los fieles"