IV Domingo de Adviento

MONICIÓN

Cuando comenzamos el Adviento iniciamos la contemplación de imágenes que utilizan los profetas para anunciar los tiempos mesiánicos. Nos hemos fijados en las distintas especies de árboles, en su significado y alegoría. Al sumarlos todos, descubrimos el paisaje más fascinante, que se convierte en el jardín que acogerá al nuevo Adán.

Las maderas preciosas, olorosas y resistentes de los árboles sirvieron para fabricar el arca de Noé, el arca de la Alianza, los varales, las puertas del Santuario… Hoy la Palabra nos recuerda la decisión del rey David, que no soportó vivir en casa construida con madera de cedro mientras el Arca del Señor permanecía en una tienda.

Es momento de preparar la casa para que entre el Señor. Dice la Sagrada Escritura que la Sabiduría entra en los hombres buenos de cada generación y va haciendo amigos de Dios y profetas.

TEXTO BÍBLICO

“Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: “Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda”. Natán respondió al rey: “Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo”.

Anunciación, Marko Rupnik
Anunciación, Marko Rupnik

TEXTO MÍSTICO

“¡Oh cristalina fuente,/ si en esos tus semblantes plateados/ formases de repente/ los ojos deseados/ que tengo en mis entrañas dibujados!” (San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual 12)

TEXTO PONTIFICIO

« La belleza, que en Oriente es uno de los nombres con que más frecuentemente se suele expresar la divina armonía y el modelo de la humanidad transfigurada, se muestra por do­quier: en las formas del templo, en los sonidos, en los colores, en las luces y en los perfumes ». Para la experiencia cristiana, todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del uni­verso material (Francisco, LS 235).

TEMPLO

“Ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu” (Rm 2, 19-22). 

¿Has preparado tu casa para recibir al Señor y para acoger al prójimo?