XXXVIII Camino de Adviento

Como cada año, desde hace 38, hemos hecho el camino de Adviento junto con un grupo de amigos, a la manera de la Virgen María, subiendo a la montaña, para visitar a su prima Isabel; a la manera de como el rey David subió con el arca a Jerusalén.

El frío, la nieve, el hielo no han impedido que recorriéramos los caminos, llevando en nosotros la memoria de tantos que de manera obligada abandonan sus casas, tierra, país, a través de estepas heladas, o de desiertos inhóspitos.

Sorprende, cuando no te arredras ante las dificultades, la fuerza que se siente en el corazón, hasta el calor, en medio de la mayor intemperie.

Ha sido este año una experiencia sumergida en la belleza de los campos nevados. En medio del silencio resonaban en nuestras pisadas, que rompían la capa de nieve, y sentíamos las huellas de tantos que peregrinan por senderos solitarios, y a veces sin meta en el camino.

Es un privilegio experimentar cómo asiste la fuerza en la prueba, cuando se afronta desde una dimensión trascendente.

Os hemos llevado en nuestras pisadas y rezado intensamente, mientras nuestros rostros chocaban como los copos gélidos, pero refrescantes de la nieve. ¡Feliz Adviento, colmado de esperanza!