Obrero de la viña del Señor

Dueño de la viña, de los sembrados,

pasa Tú por la plaza de mi historia,

mira mi vida sin progreso interno.

Arranca con tu voz mi inercia vana,

para que no perezca en mi apatía.

Dueño de la viña, de madrugada,

o si Tú quieres a media mañana.

Pasa al mediodía, o a la nona,

al caer de la tarde o entre dos luces,

no dejes de llamarme, pasa, pasa.

No te canses de volver a la plaza, 

ni de llamarme siempre a tu tarea.

Hazme jornalero de tus viñedos

Y que trabaje agradecido en ellos,

sin llevar cuentas, ni sumar el tiempo.

Que no me engría de estar en tu viña

Ni eche cuentas del tiempo transcurrido

En segar el trigo, ni en la vendimia.

El pago no consiste en el denario

Sino en gastar la vida en tu campo.

Que cante entre las vides el poema:

¡Me ha tocado un lote hermoso y heredad!

Tengo suerte de ser llamado amigo.

¡Que te ofrezca sin cuentas los racimos!

Y brindemos el Cáliz bendecido.