XXI Domingo del tiempo ordinario

Is 22, 19-23; Sal 137; Rom 11, 33-36, Mt 16, 13-20

EL PODER DE LAS LLAVES (TEXTO EVANGÉLICO)

-“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.

TEXTO PROFÉTICO

“Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre, nadie lo abrirá”.

ORACIÓN SÁLMICA

“Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”.

TEXTOS APOSTÓLICO

 

“¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!”

TEXTO PATRÍSTICO

Existe, pues, una misericordia terrena y humana, otra celestial y divina. ¿Cuál es la misericordia humana? La que consiste en atender a las miserias de los pobres. ¿Cuál es la misericordia divina? Sin duda, la que consiste en el perdón de los pecados (San Cesáreo de Arlés).

TEXTO MÍSTICO

Te amaré, Señor, y te daré gracias y confesaré tu nombre por haberme perdonado tantas y tan nefastas acciones mías. A tu gracia y misericordia debo que hayas deshecho mis pecados como hielo y no haya caído en otros muchos. ¿Qué pecados realmente no pude yo cometer, yo, que amé gratuitamente el crimen? (San Agustín, Confesiones VII, 15)

TEXTO PONTIFICIO

“El perdón es el signo más visible del amor del Padre, que Jesús ha querido revelar a lo largo de toda su vida. No existe página del Evangelio que pueda ser sustraída a este imperativo del amor que llega hasta el perdón. Incluso en el último momento de su vida terrena, mientras estaba siendo crucificado, Jesús tiene palabras de perdón: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).” (Francisco, Misericordia et Misera, 2)

COMENTARIO

El peor pecado es el de no dejarse perdonar; significa orgullo. Una de las tentaciones más agresivas respecto al perdón es pensar que no nos lo merecemos. También es peligroso haber perdido la conciencia de pecado, o por el contrario, llevar cuentas de las veces que se ha pedido misericordia y creer que ya no se tiene posibilidad de perdón.