San Bernardo

LLAMADOS A LA SANTIDAD

Por el bautismo hemos sido hechos hijos de Dios, llamados a la santidad, incorporados a un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes, a un pueblo santo.

Los bautizados nos llamamos cristianos, nos profesamos creyentes, ¿pero cuál es la diferencia entre uno que se dice creyente y otro que camina hacia la santidad?

El que se dice creyente vive regido por los preceptos. El que camina hacia la santidad vive relacionado con Dios.

El que se dice creyente ha aprendido conceptos y verdades de fe. El que camina hacia la santidad ha experimentado el amor de Dios.

El que se dice creyente llega a tener una conducta honesta y cumplidora. El que camina hacia la santidad se sabe siempre perdonado por Dios.

El que se dice creyente vive muchas veces en el plano natural y juzga la realidad desde las categorías humanas. El que camina hacia la santidad viven siempre en una dimensión teologal y mira la realidad con ojos de fe.

 

El que se dice creyente apela al sentido común como criterio de conducta. El que camina hacia la santidad contrasta su vida con la Palabra de Dios.

El que se dice creyente tiene conciencia de cumplidor. El que camina hacia la santidad se sabe siempre superado por lo misericordia.

El que se dice creyente se justifica con las prácticas religiosas y con gestos de generosidad. El que camina hacia la santidad ama y no lleva cuentas del bien que hace.

El que se dice creyente se paraliza ante lo adverso. El que camina hacia la santidad espera siempre y confía en la Providencia.

El que se dice creyente es posible que se busque a sí mismo en todo lo que hace. Quien camina hacia la santidad busca enteramente a Dios y desea cumplir su voluntad.

Solo Dios es santo, y quien participa en la santidad divina camina con conciencia de redimido y de perdonado.

El que se cree creyente funda su proyecto de vida en sus fuerzas. El que camina hacia la santidad, además de poner todo de su parte, se fía de Dios y confía en la gracia.

El que se cree creyente siente en muchos momentos el abismo ante el futuro. El que camina hacia la santidad, sabe que la meta es luminosa y esperanzadora.

 

El que se cree creyente vive, en tantas ocasiones, inconsciente de la presencia divina que le habita.

El que camina hacia la santidad permanece ante la mirada de Quien sabe que le ama.