XVIII Domingo del tiempo ordinario

TRANSFIGURACIÓN

EL ROSTRO DE DIOS

“Mi rostro no lo puedes ver, porque no puede verlo nadie y quedar con vida». Luego dijo el Señor: «Aquí hay un sitio junto a mí; ponte sobre la roca. Cuando pase mi gloria, te meteré en una hendidura de la roca y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después, cuando retire la mano, podrás ver mi espalda, pero mi rostro no lo verás”. (Ex 33, 20-23)

TESTIGOS DEL ROSTRO DE DIOS

“Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues se dijo: «He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo».” (Gn 32, 31)

“El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo”. (Ex 33, 11)

“Cuando Moisés bajó de la montaña del Sinaí con las dos tablas del Testimonio en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, por haber hablado con el Señor. Aarón y todos los hijos de Israel vieron a Moisés con la piel de la cara radiante y no se atrevieron a acercarse a él.” (Ex 34,29-30)

“Entonces pasó el Señor y hubo un huracán. Después del huracán, un terremoto. Después del terremoto fuego. Después del fuego el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva. Le llegó una voz que le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?».” (1Re 19, 11-13)

EL ROSTRO DE JESÚS

“Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte, a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.” (Mt 17, 1-3)

TESTIGOS DEL ROSTRO DE CRISTO

“… habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz: «Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido». Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada. (2Pe 1,16-18)

“El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo.” (2Cor 4,5-6)

CONSIDERACIÓN

Jesús sigue mostrándonos su rostro transfigurado en figuras de otros, y quienes lo miran con ojos de fe, lo descubren en los más necesitados, en la Palabra, en los acontecimientos, en el sacramento de la Eucaristía.