XVI Domingo del tiempo ordinario

SOLO DIOS ES DIOS

MANDAMIENTO PRINCIPAL

El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo.  Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6, 4-5).

PRINCIPIO DE SABIDURÍA

“No hay más Dios que tú, que cuidas de todo, para demostrar que no juzgas injustamente” (Sb 12, 13).

ORACIÓN DEL SALMISTA

“Grande eres tú y haces maravillas, tú eres el único Dios” (Sal 85).

APOTEGMA EVANGÉLICO

Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 43).

TEXTO PATRÍSTICO

“Enmudezcan, pues, aquí las deudas contraídas por la humana naturaleza, pues ya perecieron en Adán, y reine por siempre esta gracia de Dios, que ya reina por medio de Jesucristo, Señor nuestro, único Hijo de Dios y único Señor” (San Agustín).

TEXTO MÍSTICO

“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta” (Santa Teresa).

CONFESIÓN

“Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso…”

CONSIDERACIÓN

Los que han creído en Dios nos manifiestan la mayor sabiduría, la de cruzar esta vida con la mayor libertad interior, por no perecer en ningún deísmo, no permanecer sujeto a ninguna idolatría esclavizante. Ellos nos enseñan a buscar enteramente a Dios (San Benito); a invocarlo como a único Señor: “Dios, Dios; Dios, mi todo (San Francisco de Asís); a poner en Él toda la esperanza: “Solo Dios, solo Dios” (San Rafael Arnáiz). 

La fe en Dios es liberadora, consuela el alma, acompaña el corazón, y permite retornar siempre a los brazos entrañables de quien aguarda siempre a que lo amemos por Él mismo con el corazón unificado, haciendo de su voluntad nuestro camino, y compartiendo los dones que de Él hemos recibido.