Adoración del Santísimo Sacramento

Jesucristo, creo que estás realmente presente bajo el velo de las especies del pan y del vino consagrados. Con tu ocultamiento, me permites permanecer delante de ti sin rubor a pesar de mi pobreza.

Cuando acudo a estar contigo, me pregunto si debo mantener algún discurso, y prefiero permanecer en silencio, sabiendo que Tú me miras y que te agrada mi opción de perseverar ante ti. Aunque no sé si esto es un argumento cómodo.

Sé que en otros muchos momentos actúo de manera emancipada o distraída, y me exijo a mí mismo que al menos el tiempo de estancia en adoración frente a tu presencia sacramental sea un tiempo gratuito, conscientemente ofrecido, como respuesta a la paciencia que tienes conmigo cuando me disperso. 

Si en el tiempo de adoración, no percibo sentimientos consoladores, me digo a mí mismo que así es más pura mi estancia, porque no la mantengo por la consolación que siento. Estoy convencido de la gran ganancia que obtengo cuando te ofrezco el obsequio de estar en adoración solo por ti.

Creo, y no me equivoco, que nunca te gano en generosidad, y si aparentemente puede parecer que mi tiempo de adoración es gratuito, pasados los días, o al poco rato, me sucede algo favorable que interpreto como fruto o respuesta generosa a mi ofrenda.

Al menos, Señor, recibe, como lo hiciste con quien rompió a tus pies el frasco de perfume, el derroche del tiempo gastado como expresión de fe en tu presencia sacramental, que mi silencio orante sea fuente de mayor sensibilidad social. ¡Cuántas veces, durante el tiempo de adoración he escuchado la llamada a la generosidad solidaria con los que padecen necesidad!

Aunque siento el atractivo de tu presencia, y gusto el deseo de permanecer ante ti, son muchos los momentos en los que a pesar de estar en el recinto sagrado donde se guarda el Sacramento, me invade la actividad, incluso por motivos litúrgicos, y cuando caigo en la cuenta de mi comportamiento contradictorio, siento dolor y pena por tanta torpeza.

Gracias, Señor, por permanecer presente en la Eucaristía, presente en tantos sagrarios. Cuando me desplazo de un lugar a otro, y puedo acceder a los lugares donde se guarda el Sacramento, siempre me ayuda la verdad y la realidad de poder seguir hablando con Alguien que me conoce.

Hoy te manifiesto mi adoración, como diría el papa Benedicto, que es la expresión más alta de mi amor, pues significa el gesto de mayor intimidad.