Entrevista a Ángel Moreno en Vida Nueva

La Iglesia reserva, en la solemnidad de la Santísima Trinidad, que se celebra hoy domingo, 11 de junio, un lugar muy especial para quienes han entregado su vida a hacerla rezo diario, a las personas consagradas en la vida contemplativa. Una realidad que puede parecer escondida, ajena al mundo y afectada de manera directa por los efectos de la secularización, pero que, desde la Conferencia Episcopal Española, se considera “tan necesaria en la Iglesia y para el mundo”.

Con este motivo Vida Nueva le entrevista a Ángel Moreno, vicario episcopal para la vida consagrada de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara y capellán del monasterio de Buenafuente del Sistal. 

Más información

http://www.vidanuevadigital.com/2017/06/11/la-vida-contemplativa-nunca-faltara-la-iglesia/

¿Qué aporta hoy la vida contemplativa a un mundo marcado por la prisa, la inmediatez y lo efímero?

Una forma distinta de vivir, dando prioridad al ser más que al hacer. Una opción de libertad, por lo que significa su opción de vida un tanto contracultural. Una llamada de atención a quienes consumen primeras noticias, al vivir en la novedad de lo permanente.

 

¿Es actual la vocación contemplativa? Frente a una cierta crisis en la vida contemplativa “clásica”, asistimos al florecimiento de nuevas comunidades que arrastran a numerosas jóvenes. ¿A qué se debe esto?

La vida contemplativa está en el ser mismo de la persona, pertenece al misterio antropológico, a la individualidad sagrada, a la vocación personal, que aparece ya al comienzo de la Creación, cuando Dios puso al hombre en medio de jardín; cuando pidió a Moisés que subiera él solo al Monte Sinaí; cuando el profeta Elías se retiró el solo al monte Horeb, y paso el huracán, el terremoto, el incendio, y solo cuando sintió una brisa suave escuchó la voz de Dios.

El ser humano busca, y los contemplativos son los rastreadores del mundo interior. Son muchos los que se sienten llamados a la interioridad, aunque la contemplación cristiana no es un movimiento ensimismado, sino una relación enamorada con quien sabemos que nos ama.

Los más inconformistas son los contemplativos. Quizá esta es la razón por la que siga habiendo jóvenes que atraídos por el mundo interior marchan al desierto de la contemplación.

Una esencia del contemplativo cristiano es saberse llamado por Jesús a subir al Monte Tabor, para contemplar su rostro, y ser reflejo de la revelación divina en su Hijo Amado.

 

Hay voces que hablan de la decadencia de esta forma de vida. ¿Por qué la necesita la Iglesia?

Nunca faltarán en la Iglesia personas que testifiquen el amor divino. Desde el principio Jesús se dejó acompañar por contemplativos, por el discípulo amado, y por algunas mujeres, entre ellas por María Magdalena. Es de la esencia de la Iglesia la dimensión esponsal, y los consagrados, de manera especial los contemplativos, son en la Iglesia la respuesta amorosa a quien nos entregó su vida por amor, a Jesucristo. 

Cambiará la forma exterior, el modo de vivir la radicalidad del desierto, pero siempre habrá en la Iglesia testigos enamorados del Amor divino, y no solo porque sea un movimiento generoso de nuestra parte, sino porque el Espíritu Santo seguirá derramando en los fieles el don de la contemplación, en aquellos que no se conforman con menos que con Dios.