Concierto

He invitado a los ángeles músicos para que den un concierto en Nochebuena, y sin dudarlo, se han ido a recoger los instrumentos. He visto que traían tambores, címbalos, sistros, arpas, liras, cítaras, flautas, oboes, trompetas, salterios…

No les he impuesto programa, ni tampoco he pedido licencia para el concierto, pues supongo que no interpretarán nada ajeno a la Navidad, y que guardarán los cánones litúrgicos y el respeto al lugar sagrado.

Seguro que en el repertorio estará el Sanctus y sobresaldrán las voces tiples que rasgarán el cielo en sus agudos de cristal que traspasan el corazón.

Ya veo venir el coro de los ángeles músicos. Es muy hermoso contemplar la variedad de instrumentos que abrazan. Viéndolos, me vienen a la memoria las sonajas, castañuelas, zambombas, panderetas, cascabeles, hasta la botella de cristal que rasgamos con el tenedor, cuando en ritmos muy acompasados entonamos villancicos

Y de pronto, se instala un gran silencio. Todos los ángeles se han quedado parados, se arrodillan, y de lejos llega el sonido de un coro que canta  a capela: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

 

Los ángeles músicos se postran, y una luz intensa envuelve la tierra, al tiempo que uno de los seres celestes anuncia: En Belén os nacido un Salvador, el Mesías, el Señor, y su madre lo está envolviendo en pañales y recostando en un pesebre. Entonce yo mismo caigo de rodillas, y me inunda la expresividad de todos los instrumentos que se suman a los ángeles cantores. Y como en balbuceo, me sumo cantando: “Gloria, Gloria, Gloria”.