Ventana de Adviento 19

LA ORACIÓN

Las referencias que hoy hacen las lecturas al monte santo y al altar del santuario, cortejan la revelación mayor: “Mi casa es casa de oración”. Por casa no solo debemos entender un edificio concreto, sino que cabe también que se refiera a nuestro interior.

En Adviento aguardamos la venida del Señor en nuestra propia naturaleza, por lo que cada ser humano adquiere el valor sagrado de ser sacramento del Dios encarnado, y bien se puede decir que nos convertimos en santuarios, lugares santos.

La oración es la vocación esencial de las criaturas a relacionarnos con el Creador, porque Él desea relacionarse con nosotros. Así aparece en el libro del Génesis, cuando, al atardecer, Dios baja al jardín a pasear con Adán, y al no encontrarlo lo llama: “¿Dónde estás?”

La relación trascendente libera de sucumbir en la experiencia del límite, porque cuando se llega a tal situación, siempre cabe el grito de auxilio, la invocación, por la certeza del acompañamiento divino.

 

La oración es derecho universal, nadie está excluido. No hay raza o color, origen o cultura, que estén vetados por el Creador para celebrar un encuentro con Él, bien sea en un lugar sagrado, bien sea en el propio corazón.