mié

14

dic

2016

Ventana de Adviento 17

PAZ

Si hay un saludo adecuado para este tiempo de Adviento y Navidad es precisamente el que se basa en lo que hoy nos dicen el profeta y el salmista: “La justicia y la paz se besan”. “Dios anuncia la paz”. “Él es el artífice de la paz”. Los ángeles canta con motivo del nacimiento de Jesús: “Gloria a Dios en el cielo, y paz a los hombres que Dios ama”.

La paz mayor es la de la conciencia, la paz interior, la que se adueña del alma y deja gustar las delicias de la presencia del amor divino, con efectos de íntima consolación, por la certeza del bien hacer, fruto de la coincidencia con el querer de Dios.

Es difícil explicar la experiencia de paz que se instala en el hondón del alma cuando Dios la deja sentir en el más profundo centro. San Juan de la Cruz, cuya fiesta celebramos hoy, describe uno de esos momentos en los que Dios hace gustar su paso: “En una noche oscura/ con ansias en amores inflamada/ oh dichosa ventura, salí sin ser notada/ estando ya mi casa sosegada”.

La paz se experimenta como sosiego, calma, serenidad, certeza, confianza, abandono, anchura interior, y cabe que llegue a instalarse como gozo, consolación, alegría, amor, beso en el alma, experiencia mística, regalo del cielo.

 

La paz, como el bien, es difusiva. Los que la experimentan se convierten en testigos y en mensajeros de paz. Jesús, el príncipe de la paz, saluda a los suyos: “Paz a vosotros”. Francisco de Asís toma como lema: “Paz y bien”. ¡Déjame que yo también te desee la paz! Y recemos por la paz de las naciones.