Ventana de Adviento 9

“CONSOLAD, CONSOLAD”

A veces me parece que la exhortación del profeta puede sonar a sentimiento blando, procedente de un buenismo compasivo, sin realismo. Y, sin embargo, siento la llamada al ministerio de la escucha, del acompañamiento entrañable, del que el papa Francisco me ha hecho mensajero, al prolongarme como Misionero de la Misericordia. Dice el Papa: “La misericordia tiene también el rostro de la consolación” (MetM 13).

A pesar de la posible sospecha de incurrir en un exceso de compasión magnánima, sé que no caigo en falta de realismo si te digo: “Dios te quiere mucho”. Sé que no empleo un discurso engañoso si te aseguro: “Tienes un Dios que te ama”. Y sé que no es arenga evasiva de los problemas si te comunico y te anuncio que Dios te busca para declararte su amor.

Como el padre a quien se le ha marchado el hijo y otea cada día su posible retorno desde el dintel de la puerta; como la mujer a quien se le ha perdido la moneda, por lo que arriesga su estabilidad matrimonial; como el pastor que deja el ganado, para ir en busca de la oveja perdida, así te busca tu Redentor, de manera compasiva, entrañable, sin tregua.

 

Este tiempo es tiempo de consolación, déjate consolar, y no eches en olvido hasta dónde Dios se ha comprometido para confirmarte que te quiere: hasta entregar a su propio Hijo como rescate de nuestros exilios voluntarios.