Carta de noviembre

Queridos Amigos de Buenafuente:

Por caer el primero de noviembre en martes, trasladamos el encuentro mensual de oración en Madrid al día 8 de noviembre. Será un momento propicio para practicar la obra de misericordia de orar por los vivos y por los difuntos.

Constantemente recibimos noticias de acontecimientos familiares, sociales y personales ante los que no cabe una respuesta ligera, ni inmediata, por tratarse en tantos casos de situaciones dolorosas, ante las que no cabe especular, sino solo acompañar y rezar.

 

Hace pocos días la Palabra de Dios nos invitaba a orar siempre y sin desfallecer, y a mantener la fe en la fuerza de la oración. A los sacerdotes nos llega de manera especial la súplica de quienes de pronto han  perdido un ser querido; se han encontrado con una enfermedad grave; sufren situaciones familiares difíciles… En estos casos, además de la cercanía, es importante trascender los hechos y presentar al Señor la súplica solidaria y creyente.

Dice el apóstol Santiago: “¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los sacerdotes que recen sobre el enfermo, lo unjan con el óleo santo, y se curará.” En el ministerio de acudir a atender a los enfermos, soy testigo de la gracia que reciben cuando son ungidos o reciben el sacramento de la Eucaristía.

El mes de noviembre es un tiempo especialmente dedicado a la oración por los difuntos. La Sagrada Escritura avala este gesto de piedad cuando dice que es una idea piadosa y santa rezar por los difuntos, porque además del bien que se les puede hacer a quienes nos han precedido en la fe, es un acto creyente en la vida futura. De lo contrario sería necio y  ridículo rezar por los muertos.

Si algo nos debe unir a los “Amigos de Buenafuente” es precisamente la referencia al Monasterio de la Madre de Dios, lugar y comunidad de oración, donde permanentemente llegan vuestras peticiones, noticias, visitas, con la esperanza de encontrar consuelo, escucha, y oración.

Aunque muchos no podéis asistir al encuentro mensual en Madrid, sabed que gracias a la oración litúrgica,  todos estamos presentes.

 

Un abrazo.