Fieles a la misión

Queridos hermanos en Cristo: El Señor, que nos ha reunido en este lugar de La Buenafuente del Sistal a vosotros y a nosotras, nos conceda la gracia de vivir en su voluntad y de ser fieles a la misión que nos encomienda. Tras el verano, nos brota este pensamiento, al vivir de nuevo la fidelidad de Dios. “La prueba nunca supera nuestras fuerzas” (cf 1ª Co 10, 13),  así ha sido este verano y por eso estamos contentas: “El Señor ha estado grande con nosotras y estamos alegres” (Sal 125, 3).

Se lo agradecemos al Señor y a todos los que nos han ayudado este verano, tanto quienes viven aquí en Buenafuente del Sistal todo el año, como quienes han venido a pasar unos días de oración. El Señor es nuestro Padre, se ocupa de todo lo que nos hace falta. 

A lo largo de todos los días del verano, hemos estado muy acompañadas en el Oficio Divino, la Eucaristía y el trabajo por aquellos que han venido a este monte buscando al Señor. Han compartido unos días con la Comunidad y han  participado de nuestra misión en la Iglesia. Como nosotras, han escuchado en su corazón: «Buscad mi rostro», y han respondido: “Tu rostro buscaré, Señor” (cf Sal 26, 8). Esta es la manera de vivir que nos decía el Padre Edilio Mosteo, apoyar la vida en tres pilares: “Amor, Silencio y Mirada”, porque una cuerda de tres cabos es difícil de romper. 

Del tiempo intenso del verano se podría relatar mucho; sin embargo, nuestro eje ha sido el Año extraordinario de la Misericordia. La gracia de ser templo jubilar ha envuelto nuestra vida, y la de todos los que nos han visitado. Ser mediación de este encuentro con Dios Padre beneficia a todos los que aquí vivimos y nos está acercando a Jesús, rostro de la Misericordia del Padre (MV 1). Porque Dios ama al que da con alegría (2Co 9,7). De quienes han acudido a ganar el jubileo, queremos resaltar a la Comunidad de Franciscanas Misioneras de María, con las que tuvimos un fraternal encuentro. Animamos a todos a ganar el Jubileo en la Puerta Santa del Sistal, acompañados por uno de los sacerdotes que viven aquí. Aprovechamos este momento para agradecer a los sacerdotes que han marchado a otros destinos, el servicio a la comarca y a la Comunidad. En particular a D. Ángel García-Rayo, que ha estado 11 años viviendo en la comunidad de Las Eras.

Y antes de despedirnos,  agradecemos al Presidente y a los patronos de la Fundación Buenafuente su dedicación y esfuerzo por mantener el Día de la Amistad y continuar ayudando a esta pequeña y pobre Comunidad. Este año, celebramos la Amistad que nos une con el auto de la Divina Misericordia, del que tomamos un pequeño texto como despedida: “Deja el ser terreno, y llega con temor y con fe ciega, a esta mesa superior, pues comiendo dignamente, vivirás eternamente, transformado en el Señor”.  

Vuestras hermanas de Buenafuente del Sistal