lun

03

oct

2016

Carta de Buenafuente del Sistal

Queridos Amigos de Buenafuente:

Con los ojos llenos de luz de contemplar el Auto Sacramental de la Divina Misericordia, de nuevo, al llegar el mes de octubre, reiniciamos los encuentros de oración, que desde 1973 venimos celebrando en Madrid. El día 4 será el comienzo de curso, fiesta de San Francisco de Asís.

Durante el verano, muchos amigos han pasado por Buenafuente para unos días de oración, silencio, ejercicios espirituales… Como acompañamiento les he ofrecido diferentes reflexiones sobre las obras de misericordia.

Algo que me ha sorprendido a mí mismo ha sido comprobar a partir de dónde practica Jesús la misericordia, que es desde las Bienaventuranzas, y qué significa en un contexto bíblico cada una de las llamadas que hace San Mateo en su discurso final.

 

Si los cristianos hemos acogido el Evangelio, sabemos que en él se nos revela la dignidad de toda persona como prójimo y sacramento. Así, nosotros no podremos preguntar, como lo hacen algunos de los benditos: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?”, pues hemos conocido la presencia de Cristo en el otro. Y sin embargo, estamos llamados a practicar la misericordia, pero como el Maestro, desde las Bienaventuranzas, no como quien hace un favor al otro, sino como quien se siente bendecido por poder llevar a cabo la obra buena.

El referente de la conducta cristiana es Jesucristo. Quien dijo de Sí “Yo soy el pan de Vida”, “Tomad y comed”, “Yo soy el agua viva”,  “Tomad y bebed”, también sintió hambre y sed, y se acercó como menesteroso y sediento.

El secreto del cristiano, cuando realiza las obras de misericordia, no es dar algo como lo pueden hacer tantas instituciones solidarias, sociales o filantrópicas, sino darse a sí mismo. Jesús se nos da en el Pan Santo y en el Cáliz de bendición.

El bien hacer que no se practica desde las Bienaventuranzas, pudiendo resolver penalidades y circunstancias dramáticas, puede herir al otro y servir para propia honra, pues cabe utilizarlo como propaganda y difusión ideológica. El cristiano tiene la llamada a hacer el bien a la manera de Jesús, por amor, y desde la posición humilde de quien al dar no se proyecta como protagonista, sino que se experimenta bendecido. De aquí la posibilidad del que se hace pobre, tiene hambre y sed… porque ya en esta vida experimenta la felicidad.

En cualquier caso, no dudes de tener misericordia, aunque no esté tan purificada la intención. Dios, que sondea las entrañas, es quien valora las acciones. 

Con el deseo de encontrarnos de nuevo, un sincero abrazo y mis deseos de que gocéis de los frutos de la misericordia de Dios.