sáb

20

ago

2016

Invocación a San Bernardo

Cada año, con motivo de la fiesta de San Bernardo, he ofrecido a las monjas del Monasterio de Buenafuente una reflexión, que recogía los deseos más actuales, según la situación en la que se vivía en el Sistal.

Este año, al no estar presente en las celebraciones, por andar por el Camino de Santiago, aún se agudiza más la necesidad de hacer la ofrenda, aunque ya les dejé a las monjas mi obsequio, al regalarles el resumen de la nueva Constitución Pontificia, “Buscar el rostro de Dios”, dirigida por el papa Francisco a las monjas de clausura.

 

Sin embargo, ¿cómo no expresar este día una súplica a San Bernardo por el monasterio cisterciense de Buenafuente? A lo largo de los kilómetros recorridos por sendas solitarias del Camino del Norte, he podido rezar a modo litánico y encomendar muy especialmente a quienes viven en el claustro, y a todos los que hacen posible que Buenafuente sea un lugar de acogida.

Cuando se siente la fragilidad del peregrino, surge más viva la plegaria, ante la emergencia acude la súplica, en el riesgo sufrido y resuelto felizmente brota la acción de gracias, la alabanza a la Providencia. Estos mismos sentimientos me acuden con relación a Buenafuente, y rezo y bendigo al Señor, porque no deja de cuidar a quienes en Él confían.

Solo cuando se trasciende la realidad se supera el acoso de la circunstancia aciaga. Solo cuando se experimenta el límite, cabe remontar el asedio con la mirada teologal. Es en el momento difícil cuando se siente lo que significa la ayuda de la fe.

En estos momentos, invoco al padre de la Orden Cisterciense, san Bernardo, para que interceda por uno de los lugares que lleva el nombre del Cister – Sistal, para que en él siga aconteciendo el milagro de la viuda de Sarepta, porque no se acaba la harina de artesa, ni el aceite de la alcuza, a quienes se dedican a recibir al huésped como al mismo Cristo en persona. Que siga aconteciendo la bendición de Mambré, la que recibieron los patriarcas Abraham y Sara, por haber hospedado, sin saberlo, a quienes eran ángeles.

 

El salmo 125 sigue siendo una descripción de la historia de Dios con su pueblo, que relata también lo vivido en el Sistal, la conversión de las lágrimas en cantares. ¡Que todas las dificultades se conviertan en siembra de esperanza! Es mi deseo para las monjas y para toda la gran familia de Amigos de Buenafuente. Desde Sobrado de los Monjes, donde llegaremos mañana, 20 de agosto.