dom

19

jun

2016

XII Domingo del tiempo ordinario

Zac 12, 10-11;  13, 1; Sal 62; Gál 3, 26-29; Lc 9, 18-24

EL DON DE CONOCER A CRISTO

No creo que sea forzada, en las lecturas de este domingo, la concurrencia de las  referencias al bautismo, y que a partir de ellas, destaque la confesión del apóstol Pedro.

El profeta Zacarías adelanta la visión mesiánica: “Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia”. Que no puede ser otro que el Mesías del Señor, proclamado por Pedro en el Evangelio, a instancias del Maestro: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»  Pedro tomó la palabra y dijo: - «El Mesías de Dios.»

Se cita entre los personajes con los que se compara al Nazareno a Juan el Bautista, testigo de la unción de Jesús cuando la voz del cielo lo proclamó Hijo Amado. San Pablo se refiere explícitamente a los bautizados cuando dice: “Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo”.

 

¿Que supone haber sido incorporado a Cristo? ¿Cuál es la ganancia de haberlo conocido? El salmista lo expresa de manera plástica: “Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío”.

Gracias al bautismo y a la incorporación a la vida de Cristo, nos hacemos partícipes de la bendición divina, por la que recibimos el perdón: “Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas” (Zac). 

Gracias al bautismo, podemos cantar: “Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos” (Sal).

Gracias al bautismo, “Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa” (Gál). 

Gracias al bautismo nos convertimos en discípulos de Jesús, en seguidores suyos, y Él nos dice: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.» (Lc).

Estamos en vísperas de cambio de estación, en el hemisferio norte entra el verano. Buen momento para no perder la memoria del agua bautismal y de permanecer como signos de la alegría del Evangelio.