mar

07

jun

2016

Mantener nuestra mirada en Dios

 

 

Muy queridos hermanos, ¡qué alegría reencontrarnos esta tarde! La vida es el gran milagro, vivimos inmersos en él y no somos conscientes. De nuestro corazón brota un gran agradecimiento al Señor, al pensar las veces, a lo largo del día, que hacemos o decimos cosas que nos separan de los hermanos y en consecuencia, del Señor. Y también las omisiones, todo lo que dejamos de hacer o decir. Y la vida continúa, Dios Padre no nos fulmina, ni toma una determinación definitiva sobre nosotros; más bien al contrario: nos vuelve a llamar, esperando siempre una respuesta misericordiosa de nuestra parte. Y esta, es también, la llamada fundamental del Santo Padre a toda la Iglesia, a cada uno de nosotros, en este año jubilar, Año de la Misericordia; llamada a ser “Misericordiosos como el Padre” (Lc 6, 36), lema de este año que incluye la bula de convocatoria “Misericordiae Vultus”. 

Ser misericordiosos como Dios Padre lo es con nosotros, a todos nos gustaría, lo deseamos; es más, sabemos que es un don que el Señor nos concederá, pero hemos de tener presente que no nos lo impondrá. El Papa Francisco justifica así la convocatoria de este jubileo extraordinario: “Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre.” (MV 3). El Papa en este punto nos está invitando a hacer todo lo que esté de nuestra parte para mantener nuestra mirada en Dios. En esta lucha nos encontramos la Comunidad, que nos sentimos interpeladas de forma particular, igual que todos los que formamos hoy la realidad de Buenafuente del Sistal, al tener el privilegio de la Puerta Santa. Para algo y por algo el Señor nos ha concedido este regalo.

Ahora, ya en las puertas del verano, aproximadamente en el ecuador del año jubilar y recibiendo la visita de grupos que se acercan a nuestro “trocito de cielo” en busca del encuentro con Dios, queremos poner nuestro granito de arena, abonar el terreno de nuestro corazón para recibir de Dios Padre las gracias necesarias para llevar adelante esta misión a la que nos llama cada día: que toda la humanidad se acerque al corazón misericordioso de Dios. Y esta misión se concreta en nuestra Comunidad, con todos los que viven en El Sistal y con todas las personas que os acercáis hasta aquí.  Con la garantía de que el Señor llevará a término la obra comenzada, escuchamos -como san Pablo- al Señor que nos dice: “Te basta mi gracia, que mi fuerza se realiza en la debilidad” (2ª Co 12, 9).

¡Qué el Señor nos conceda por su gracia participar de Su Corazón misericordioso! Un fraternal abrazo, unidos en la oración y en la misión

                                                Vuestras hermanas de Buenafuente del Sistal