sáb

14

may

2016

Luz de los ojos

LOS NOMBRES DEL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo, Tú eres la luz interior, la que ilumina las entrañas y el corazón; tú dejas ver el horizonte luminoso de la esperanza.

Espíritu Santo, ilumina mi alma para que sepa seguir el rastro de la bondad, de la verdad y de la belleza, y no me ofusque con luces de artificio, ensoñaciones engañosas, ni con deseos oscuros.

Gracias a tu luz, se reconoce la semilla de verdad que hay en cada ser, y se aprecia la bondad que reside en cada corazón.

Déjame ver siempre la huella de tu imagen en lo más profundo de mi ser, que no pierda la conciencia de saberme diseño divino, y no apague con mis obras el fuego de tu amor.

Tú eres don de sabiduría, de entendimiento, de consejo, luz indeficiente que permite discernir lo bueno, lo perfecto, lo mejor; Tú conduces hacia lo que se presenta al alma como más luminoso y bueno.

Gracias a tu inspiración y  a tus mociones interiores, permites seguir el camino de la voluntad divina, y te conviertes en acompañante seguro al dejar impreso en la conciencia el rastro luminoso que lleva a la alegría, a la paz y a la plenitud.

Espíritu de luz, ven, para que no me confunda ni me deje atraer por falsas luminarias, que deslumbran con su brillo efímero, y hasta pueden llegar a quemar el alma.

Tú puedes hacerte presente de muchas formas, y una de ellas es con la claridad interior, que permite saber valorar y discernir los acontecimientos, pero sobre todo, hace ver por doquier la presencia del querer divino.

Puedes llegar a dibujar en las entrañas el rostro amable de quien es razón de todo seguimiento, el Ungido, que se mostró como Luz de las naciones. Gracias a ti podemos convertirnos en hijos de la Luz, hijos del día.

Tú eres lámpara para nuestros pasos, Tú eres la intuición sabia que asiste a los que te buscan con sinceridad de corazón. Ven, que no me arrogue seguridad vana, capaz de llevarme por donde no aprovecha.

 

Tú puedes dejar sentir en el hondón del alma la presencia divina e iluminar las habitaciones interiores con la certeza de que somos habitados. Ven, Espíritu Santo, y enciende en nosotros la hoguera de tu amor, la luz pascual que nos guíe por el desierto de la vida.