jue

12

may

2016

Fuego divino

LOS NOMBRE DEL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo, Amor divino capaz de arder e inflamar el corazón sin romperlo, al igual que en tiempos de Moisés el fuego que ardía en zarza no la destruía. Tú eres capaz de amar sin dominar; de amar sin poseer; ven y enciende en mis entrañas el fuego de ese amor.

Tú eres el Amor de Dios, el amor derramado y entregado por Jesucristo en la Cruz, el amor más grande, el que lleva a dar la vida. Tú eres el amor de las entrañas, el amor divino paterno y maternal, el amor total, que envuelve y abraza, sondea y sumerge, al mismo tiempo que deja en libertad.

 

Tú eres fuego ardiente que deshace el hielo del odio, de la envidia, de los celos, e inflama el corazón de amor generoso, de amor fraterno, amigo, íntimo. Y sobre todo, Tú capacitas para que podamos ser respuesta a tu mismo amor.

El fuego hace habitable el hogar, atrae la mirada, embelesa, calienta, alumbra, fascina. Tú eres el fuego divino, el hogar de Dios, la estancia cálida de la presencia amorosa.

Espíritu Santo, Tú eres el don que enamora. Gracias a ti es posible sentir el amor de Dios y comprender cuál es la relación más plena, la que se establece entre Dios y el ser humano, gracias a ti.

Tú has remecido de amor el corazón de los discípulos de Jesús, el de los mártires y el de los místicos, de cuantos se consagran a Dios por el Evangelio. Gracias a ti han sido y son capaces de dar sus vidas con su sangre o con la radicalidad evangélica.

Tú eres, Fuego divino, quien deja gustar, aunque sea por un instante, la suave dulzura del amor de Dios, que trasporta en ardentísimos deseos de unión con Él; revela su identidad más profunda; atrae con lazos de amor y colma todo deseo de relación afectiva; deshace el témpano del odio; embriaga y sacia toda sed y hambre de Dios; potencia la entrega generosa, envía como testigo del don recibido; totaliza las dimensiones esenciales del ser.

Espíritu Santo, Amor divino, fuego ardiente, Tú sabes mejor que yo lo que me conviene, pero te pido que no dejes de actuar sobre mi corazón, para que comprenda y sienta que mi vida se complementa gracias a tu amor. Solo así venceré la nostalgia del amor humano, y cambiaré mi mendicidad de afectos, por sentirme colmado de amor que no acaba, ni consume.

 

Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor, como lo hiciste en el primer Pentecostés.