dom

17

ene

2016

II Domingo del tiempo ordinario

Is 62, 1-5; Sal 95; 1Cor 12, 4-11; Jn 2, 1-11

EL PROYECTO DE VIDA DE JESUCRISTO

Aunque ya hemos comenzado el llamado Tiempo Ordinario, la Liturgia nos ofrece los ecos de la manifestación del Señor, y este domingo nos propone el primer signo que hizo Jesús en Caná de Galilea, como muestra de su divinidad.

El día de Epifanía, el canto de Vísperas tiene como antífona del Magnificat la referencia a tres acontecimientos que se unen para expresar la divinidad de Jesucristo. “Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy, el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”.

En este contexto, el evangelio de las “Bodas de Caná”, colocado por el evangelista San Juan al inicio de la vida pública de Jesús y proclamado por la Iglesia al comienzo del Tiempo Ordinario, nos sugiere una revelación programática de la misión que ha recibido Jesús. Él viene a celebrar el amor de Dios y lo hará, dando su vida por su esposa, la Iglesia.

 

No es casual que el Cuarto Evangelio nos narre una fiesta nupcial como punto de partida de la acción pastoral del que ha venido a restaurar las relaciones de la humanidad con Dios. El texto narra: “En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda”.  

Tan solo te indico que compares el relato de la “Boda de Caná” con el de la muerte del Señor, y contemples el paralelismo entre ambos. Precisamente, la Iglesia ha escogido como primera lectura el cántico de Isaías, que anuncia los desposorios de Dios con su pueblo: “Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido.  Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo”. Y el salmista nos invita a expresar la alegría: “Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre”.

 

¿De qué boda se trata? ¿Cuáles son las nupcias que se anuncian? Sin duda que no son otras que las que se celebran con la entrega total de Cristo, cuando en la Cruz mane de su costado agua junto con la sangre y entregue su Espíritu; Espíritu que nos une a todos en un solo cuerpo: “Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.  En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”.