Navidad

Contemplación

¿Quién no se ha detenido al menos un instante ante un belén en Navidad? A mí me sucede que me vienen recuerdos de mi niñez, cuando yo mismo iba al monte por musgo, boj, arena y piedras para representar el paisaje entrañable en el que colocábamos las figuras del Niño Jesús, de la Virgen, su madre, de san José, los pastores con sus ganados, los reyes y sus pajes…

En los días anteriores a la Pasión del Señor, se nos invita a identificarnos con alguno de los protagonistas de aquellos acontecimientos y escenas. Desde esta resonancia, ¿por qué no imaginarte representado en alguna de las figuras del belén?

 

En algunos casos es costumbre colocar a algún personaje contemporáneo, de forma anacrónica. En Buenafuente, entre las figuras clásicas, junto al portal está la imagen de san Francisco de Asís, en recuerdo de la intuición que tuvo de representar la escena del Nacimiento de Jesús en Greccio: “El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación” (Relato de Celano nº 85).

Jesús, yo quisiera ser pastor de aquella noche, del grupo de los que corrieron para ver con sus ojos lo que les dijeron los ángeles del cielo. Yo quisiera ser el recinto entrañable, donde te recostaron envuelto en pañales; quisiera ser el cobijo humano que te diera aquella noche bendita un beso, o por lo menos pudiera extasiarme mirándote fijamente en el pesebre.

Y sin embargo, desde tu enseñanza, no cabe la nostalgia, pues a mi lado tengo a tantos en los que puedo contemplar tu rostro, y ser para ellos mediación de consuelo, de mano solidaria, de gesto humano.

Confieso que me emociona contemplar el lugar donde naciste, y las circunstancias en las que se relata tu venida al mundo, pero al mismo tiempo siento la llamada de extender mi mirada a los rostros de tantos que se cruzan en mi camino, y en los que te haces presente, aunque ellos no sean conscientes de que en su semblante reflejan tu mirada.

Jesús, si me atraen las representaciones hermosas y las más sencillas, con las que se intenta recordar tu venida al mundo, que no pierda la sensibilidad de la fe, que me permite transformar todo paisaje en espacio donde Tú te sigues haciendo presente, especialmente en quienes de manera muy real sufren la inclemencia, la soledad y  el llanto.

Dame el regalo de la ternura expansiva, que no queda reducida a una contemplación estética, sino a una relación misericordiosa con los que se crucen en mi camino y goce así de la Navidad permanente.