Déjate enamorar por Dios

“Habla mi amado y me dice: «¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí!!

Porque ha pasado el invierno, las lluvias han cesado y se han ido,

brotan flores en la vega, llega el tiempo de la poda,

el arrullo de la tórtola se deja oír en los campos;

apuntan los frutos en la higuera, la viña en flor difunde perfume.

Levántate, amada mía, hermosa mía, ¡ven a mí!” (Cant 2, 8-14)

Deja que Dios te declare su amor por ti. Déjate enamorar por Quien se revela el Amor mayor.

Deja que te hable al corazón, en el silencio de tu desierto interior, Aquel que se presenta como el Amor del alma.

 

“Yo te he hecho y te he formado. Antes de que fueras concebido, yo ya te conocía. Antes de que nacieras, yo ya te había puesto nombre. Desde el principio puse en ti mis ojos.

Tengo para ti designios de paz, y no de aflicción. He decidido compartir contigo tu naturaleza, hacerme compañero de tu camino.

Desde ahora no tendrás que mirar a la derecha, ni a la izquierda para saberte acompañado, porque yo habito dentro de ti.

Te he hecho a mi imagen. Llevas mis mismas facciones. Mi Padre te reconoce por tu semejanza conmigo.

Llevas grabados en tus ojos el reflejo de mi mirada. Eres sagrado. Lo que te hagan a ti, a mí me lo hacen.

Nadie puede ofrecerte el amor que yo te declaro. ¡Vente conmigo! No defraudaré tu necesidad de acompañamiento. Ni de día, ni de noche me apartaré de ti.

Y, sin embargo, nadie como yo te dejará ser tú mismo, porque he sido yo quien te ha llamado a la existencia, y quien te ha dado una vocación personal y única, que te identifica.

 

¡Tú eres mío, y te quiero!