Somos para darnos

Muy queridos hermanos: Inmersos en el Año de la Misericordia y transcurrida más de una semana de la apertura de la Puerta Santa en nuestro Monasterio, en primer lugar queremos agradecer al Santo Padre su docilidad al Espíritu Santo. Sí, gracias a su disponibilidad, hemos entrado por la Puerta de la Misericordia y “experimentado el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza” (MV 3). El Papa Francisco no ha inventado nada nuevo, ya la historia del pueblo de Israel, así como toda la revelación, nos hablan de “Dios, lento a la ira y rico en  misericordia” (Nm 14, 18). En definitiva, que Dios es amor, en términos del Nuevo Testamento.

Entonces nos planteamos esta cuestión: si Dios es Misericordioso y nos perdona, ¿será porque nosotros necesitamos ser perdonados? Si se abre ante nosotros la Puerta de la Misericordia  y el Papa nos invita a entrar, será que necesitamos conocer, vivir esta misericordia más a fondo. Será que, aunque seamos monjas, curas, catequistas de toda la vida, etc…., no por ello estamos confirmados en gracia; muchas veces vivimos como la mayoría, preocupados por nosotros mismos y atados al consumo; y solo estos dos aspectos tienen muchas consecuencias dañinas para nosotros y para los demás. 

Hermanos, esta Puerta de Gracia, Puerta de Misericordia que ha abierto el Santo Padre y por la cual se nos invita a entrar, nos estimula para recuperar nuestra naturaleza humana, nuestra dignidad de Hijos de Dios, pérdidas con frecuencia por la inclinación al mal y el individualismo que fomenta la sociedad de consumo. A nosotras nos han ayudado las palabras del Arzobispo de Madrid en su Carta Pastoral de este año: “Precisamos tener la valentía de no clausurar nuestra vida en los propios intereses. Urge que demos y dejemos espacio a los demás. Somos para darnos y no para retenernos en nosotros mismos.” “Somos para darnos”, puede ser un estupendo eslogan  en este año Jubilar, el punto de apoyo para poner en práctica las Obras de Misericordia, a las que desde siempre nos ha invitado la Iglesia, y el camino más corto para llegar a la meta que nos propone la bula en su lema: “Misericordiosos como el Padre”.

Antes de terminar, queremos dar las gracias a Dios y a la mediación de nuestro Obispo por la apertura de la Puerta Santa en nuestro Monasterio de Buenafuente del Sistal y por este año de gracia que se ha inaugurado. 

Y finalmente, a las puertas de la Navidad, desearles a todos que la próxima venida de Dios, encarnado en un Niño como nosotros, sea fuente de alegría, Paz y serenidad todos los días del próximo año 2016. 

 

Unidos en contemplación ante el pesebre, vuestras hermanas del Sistal