III Sábado de Adviento

Jue 13, 2-7.24-25ª; Sal /0; Lc 1, 5-25

LOS ELEGIDOS DE DIOS

Puede parecer coincidencia casual, o hasta se puede tachar de rebuscamiento técnico, pero en la Biblia nada sucede de manera fortuita, y todo obedece a un plan de Dios, que se desarrolla progresivamente.

 

Siempre me sorprende la comprobación de cómo, según el texto sagrado, Dios actuó de manera especial en la época del patriarca Abraham, cuando este engendró al hijo de la ancianidad de su mujer Sara, que era estéril. Hoy la lectura nos relata la intervención divina en la concepción del primer juez en circunstancias semejantes: “El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo:-«Eres estéril y no has tenido hijos. Pero concebirás y darás a luz un hijo”.

El texto evangélico reitera la circunstancia de la esterilidad en el matrimonio de Zacarías e Isabel, y no obstante, el Ángel del Señor anuncia al sacerdote que su mujer concebirá un hijo: -«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento”.

La historia de Dios con su pueblo está remecida de hechos providentes. De este modo se nos indica que es Él quien conduce los tiempos, y en cada momento suscita el acompañamiento que nos conviene, como lo hizo en los casos del patriarca Isaac, el juez Sansón, y el último de los profetas, Juan el Bautista.

Para el que cree es muy reconfortante tener la certeza del cuidado que el Creador tiene de su criatura, aun antes de nacer, como hoy canta el salmista: “En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías”.

Ante esta concurrencia de relatos, no solo interpreto que Dios ha intervenido a lo largo del tiempo, y de manera especial en el momento de la Encarnación de su Hijo, sino que hoy también sigue siendo providente, y sin tener que modificar las leyes naturales, Él actúa de manera que se deja sentir su gracia y providencia en muchos acontecimientos.

¡Cuántas personas, en momentos desesperanzados, han acudido a la súplica y a la intercesión humilde, y se han sorprendido ante la gracia recibida! Y no solo acontece como respuesta a una intercesión explícita, sino que la historia tiene un sentido, y más allá de todo nuestro empeño, se va consumando lo que anunció Jesucristo, al igual que en Él se cumplieron las profecías.

Necesitamos abrirnos a la trascendencia, a la misericordia de Dios. Quizá nos suceda como en el caso que hoy refieren los textos bíblicos, que debemos tocar el límite de nuestra capacidad, para descubrir de forma más evidente el paso del Señor.

 

Este es tiempo favorable para observar la bondad divina, que se manifiesta, tantas veces, a través de personas de buena voluntad. Tú también puedes convertirte en providencia para muchos.