mié

02

dic

2015

I Miércoles de Adviento

Is 25, 6-10a; Sal 22; Mt 15, 29-27

LA MESA DE LA CREACIÓN

Si nos leyeran los textos que hoy se proclaman en la liturgia sin decirnos de dónde se han tomado, y no tuviéramos noticia de que son textos revelados por Dios, nos parecerían, en el mejor de los casos, que son palabras sonoras y atractivas porque transmiten alegría, fiesta y buenos deseos, pero nos chocaría el contraste entre esas palabras  y  lo que vemos con nuestros ojos, ante muchas familias sumidas en necesidad.

¡Cómo decir sin rubor las palabras del profeta: “festín de manjares”; festín de vinos”; “manjares enjundiosos, vinos generosos”, ante quien puede sentir la precariedad económica, laboral, familiar…!

Y, sin embargo, no son palabras vacías, dichas por compromiso para endulzar situaciones amargas, sino que están avaladas por las Sagradas Escrituras. ¡Cómo consuela leer: “Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros”, “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación”!

Pero ¿cómo hacer verdad tanta promesa, sin espiritualizar el mensaje, y evadirnos del posible compromiso solidario? Si Jesús se compadeció de la multitud que tenía delante, -“comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas”- y en su gesto pródigo se cumplió sobradamente la visión del salmista: “El Señor en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”, nos corresponde a nosotros prolongar la hospitalidad de Jesús.

Las obras de misericordia resuenan este año con más fuerza, si cabe, y en ellas se nos invita a dar pan a los hambrientos, y de beber a los sedientos, prolongando así las manos de Jesucristo, no solo por dar de comer, sino también por tener palabras de consuelo, gestos de acompañamiento y escucha atenta…

El Adviento toma realidad por la esperanza que nos ofrece la Palabra, pero también cuando cada uno de nosotros hacemos visible la prodigalidad compasiva, explicitada de muchas formas.

Es tradición en los días previos a la Navidad cruzarse regalos, el aguinaldo, solidarizarse con los que tienen menos, visitar a quienes pueden estar más solos, o enfermos, o viven circunstancias dolorosas, por causa de haber sufrido la pérdida de algún ser querido… Podemos ser consoladores con nuestras visitas, palabras, cartas, llamadas, gestos, que en muchos casos se agradecen más que cuando se comparte algo material.

Tienes en tu mano hacer verdad la mesa solidaria. Jesús, por su parte, mantiene su ofrecimiento y se nos da en el pan de cada día, el Pan Santo.