Carta-oración a Santa Teresa

Santa Teresa, al clausurar las celebraciones con que hemos conmemorado el 500 aniversario de tu nacimiento, después de haber acudido a muchos de los lugares donde tú abriste monasterio, y de habernos acercado a tu enseñanza a través de la lectura de tus escritos, solicitamos tu intercesión ante Quien tú misma nos propusiste como mejor Amigo, Jesucristo.

Maestra espiritual, que por propia experiencia recomiendas el camino de la oración como sendero para tratar con El que habita en nuestro más profundo centro, y para alcanzar la perfección, te pedimos ayuda para que nos convenzamos de que no hay relación más plena que el trato de amistad con Dios a solas, al que Él mismo nos invita.

Nos das un poco de envidia cuando nos cuentas en tu libro de Vida las experiencias de amor que te dejó gustar Jesucristo, pero nos consuelan tus palabras, que nos aseguran nuestra dignidad, y la invitación que nos haces a tratar de muchas formas con quien sabemos que nos ama.

¡Cómo resuenan en nuestro corazón tus consejos para determinarnos de una vez por todas a entrar en nuestro propio interior, para gustar la dulzura del amor divino! Sabes que somos muy olvidadizos y torpes, y enseguida desviamos nuestra atención, quedándonos atrapados en las criaturas, raposas llamas tú. No dejes de repetirnos, hasta que la hagamos nuestra, la certeza que tú alcanzaste: “Solo Dios basta”.

Nos ayuda saberte luchadora en el camino de las fundaciones, y cómo no te arredró la dificultad. En ti nos sentimos animados a no ceder ante las contrariedades y a interpretar todo acontecimiento como providencia, al recordar tu aforismo: “Con la paciencia todo se alcanza”.

Tu enseñanza se hace compañera, sobre todo cuando nos parece tan difícil mantenernos en la presencia de Dios y a la vez comprometernos en las tareas cotidianas. Tus indicaciones magistrales para despertar el amor son pautas que nos ayudan. La sana emulación de los ejemplos que dieron Jesús y sus discípulos, la Virgen, San José, san Pablo, Marta y María fueron para ti incentivo, y nos los propones como referentes compañeros.

Pero es sobre todo tu amor indiviso para con la Humanidad de Jesucristo, tu entrega sin medida a quien sientes vivo, presente, amoroso, la clave de tu espiritualidad. Todo te llevaba a la memoria de sus padecimientos, y al deseo de acompañarlo, como si vivieras en su tiempo y se te hubiera concedido vivir cerca de Él. Nos aseguras que también nosotros podemos vivir como compañeros de Jesús si lo tratamos en el Santísimo Sacramento y nos deshacemos en obras de amor hacia los demás.

Santa Teresa, maestra y amiga de quienes se prestaban a hablar de Dios y de cosas del alma, no rehúses seguir siendo nuestra compañera de andadura, para que alcancemos la unidad interior, la solidaridad más comprometida, y la radical pertenencia a quien es el único Señor.

No permitas que por nuestra debilidad desconfiemos de la misericordia del que se hizo tan humano, para ofrecernos siempre la posibilidad del perdón.  Y gracias por habernos dejado tu experiencia de Dios como enseñanza y la fascinante llamada a la relación con Él. Con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir.