lun

01

jun

2015

Entiendes la Trinidad, si vives la Caridad

Muy queridos amigos y hermanos en Cristo:

Os agradecemos a todos vuestro acompañamiento, vuestra oración y cariño en la despedida de Madre Soledad. Queremos pediros disculpas, especialmente a quienes nos hicieron llegar sus condolencias y no les hemos contestado. Muchísimas gracias a todos.

Madre Soledad, a sus 88 años recién cumplidos, y 55 de vida monástica, escuchó a Cristo decir: “Levántate amada mía, hermosa mía y vente” (Ct 2, 10b), y como ya era Cristo quien vivía en ella (Cf Ga 2, 20a), dócil, como siempre, a su llamada, se marchó con el Amado el pasado 11 de mayo por la tarde.  Estamos seguras de que ella será una buena intercesora nuestra, de todos nosotros. Ella, que rebosaba amor de Dios para todos los que se le  acercaban, ahora que ya conoce lo que necesitamos de verdad, no cejará en su empeño hasta alcanzarlo de Dios Padre.

Y con Madre Soledad ya en el cielo, celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Nos decía el beato Guerrico de Igni al respecto: “Cristo, tu tesoro, ha ascendido al cielo: que también ascienda tu corazón”. Que la Virgen María, nuestra Madre, interceda por nosotros para que Cristo sea verdaderamente nuestro tesoro y todo lo que hagamos sea para mayor gloria de Dios, como decía s. Ignacio de Loyola.

Clausuramos la Pascua con la Vigilía de Pentecostés, que compartimos con algunos de vosotros, y finalmente, el pasado domingo, la jornada Pro-orantibus, en el día de la Santísima Trinidad. Para nosotras ha sido un día muy especial, por ser el día de la profesión temporal de nuestra hermana Isabel. Ella, con su profesión, nos ha expresado con claridad el lema de la jornada: “Solo Dios Basta” (Teresa de Jesús). En la oración de esta tarde, le pedimos al Señor, que es quien la ha llamado, como a todas nosotras, nos conceda la unidad en Él para que el mundo crea (Cf. Jn 17, 21a).

Nos despedimos deseándoos a todos que paséis un feliz y santo verano con una máxima de san Agustín sobre el Misterio de la Santísima Trinidad: “Entiendes la Trinidad, si vives la Caridad”.

Que la Virgen María, que se apresuró a servir a su prima Isabel, nos enseñe a servir y a amar a nuestros hermanos sin pereza ni quejas.

Un fraternal abrazo en el corazón de María, nuestra Madre