jue

01

oct

2015

Las nuevas relaciones del evangelio 

Querido Amigos:

El día 19 de septiembre hemos vivido una jornada muy especial gracias a muchísimas muestras de amistad y de generosidad, y a la belleza que hemos contemplado y percibido por todos los sentidos con la representación magistral del auto “Aquesta divina unión”, que nos ofreció el grupo “Symbolum”, cuyo lema es “Ad fidem per artem”, a la fe por el arte.

El día de “Amigos de Buenafuente” se experimenta la gracia de las relaciones fraternas, más allá de orígenes, edades, posición social. Todos sentimos la pertenencia no solo al lugar del Sistal, sino al Señor, que nos ha regalado la fe y nos ha hecho sentirnos familia en Él.

Siempre sorprende la respuesta  de Jesús cuando le avisan que han venido a verle su madre y sus hermanos, como si rompiera los vínculos biológicos como razón de pertenencia. «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Y él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen» (Lc 8, 20-21).

El Evangelio de San Juan afirma en el prólogo una nueva relación que no se funda en la carne ni en la sangre: “Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios” (Jn 1, 11-12).

La filiación divina nos constituye, por gracia, en hijos de Dios por adopción. Jesús advierte a los discípulos: “Ni llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo” (Mt 23, 9). “Vosotros sois todos hermanos” (Mt 23, 8).

El mismo Jesús, cuando lo buscan sus padres, responde de manera extraña: “Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» (Lc 2, 49). Y un poco antes, el evangelista describe la búsqueda de  María y José hasta encontrar al Niño en el templo, y señala que lo buscaron entre parientes y conocidos, mas no lo encontraron.

En la ley mosaica, el pariente más próximo del varón que muere y deja mujer, debe asumir la responsabilidad piadosa de acoger a la viuda o a la madre que queda sola, para que no se vea desprotegida y expuesta a la pobreza y a la violencia. Jesús, en la Cruz, se anticipa y entrega a su Madre al cuidado del discípulo amado, omitiendo los posibles derechos y obligaciones de algún pariente suyo con su madre.

Jesús ha inaugurado unas nuevas relaciones, Él ha se ha entregado en manos de su Padre, y nos ha entregado el Espíritu, y nos ha constituido en coherederos suyos y herederos de Dios, hasta el punto de que podemos invocar a Dios de la misma manera que Él: ¡Abbá!

Nuestra amistad hunde sus raíces en el don de la fe, que de nuevo deseamos compartir el primer martes de octubre, día 6, con quienes podáis acercaros al encuentro de oración, que celebraremos, de nuevo, en C/ Príncipe de Vergara 88,  a partir de las 19,00h.

Con deseo de volveros a saludar.