Exaltación de la Cruz de Cristo, y aniversario de ordenación

Hoy se cumplen 46 años de mi ordenación de presbítero. La providencia quiso que esta fecha fuera para siempre memoria de la consagración que recibí de manos del obispo; después conocí que era el día en que Buenafuente celebra su fiesta patronal, en honor del Santo Cristo de la Salud, cuya imagen que se venera en el Sistal desde el siglo XIII.

Al hacer cuentas, resulta que cuando yo nací, se cumplían 700 años de la fundación de la comunidad cisterciense en Buenafuente, y el día de mi bautismo fue el 20 de agosto, cuando la Iglesia celebra San Bernardo. No deseo encontrar signos especiales, pero resulta sorprendente, cuando se lee la historia desde la altura de los años vividos, encontrar tanta providencia.

Ante la imagen de Cristo, elevo hoy mi oración:

Señor Jesús, a través de tu Cruz, con las nuestras quieres asociarnos a tu obra redentora y hacernos partícipes en la redención del mundo.

Jesucristo Crucificado, dame la seguridad y la sabiduría de comprender el Misterio de tu Cruz, que salva, redime, libera, consuela, ayuda, santifica, glorifica.

Al contemplarte en la Cruz, descubro que en la mía yo puedo hacerme solidario, con el gesto más noble de amor, por el que también puedo redimir y dar vida.

Mi cruz en la tuya se convierte en ofenda de amor generoso, de entrega gratuita, en testimonio de discípulo tuyo y hasta en profecía de gloria.

Por tu Cruz, la mía puede ser bendición, ejercicio de comunión con los que sufren y contigo.

Por tu Cruz, la mía llega a tener valor infinito, se trasciende a sí misma y alcanza alivio para muchos.

Por tu Cruz, la mía es distintivo de amistad, de la mayor intimidad, al asociarme a tu gesto supremo de amor.

Contemplándote en la Cruz, y sabiéndote ya glorificado, descubro y me dejas sentir que la cruz autentifica, acrisola, purifica, ennoblece, y hasta permite saborear el gusto del que ama por amor.

La cruz, por la tuya, Señor, sella, consagra, bendice, identifica, y quienes son señalados por la cruz, se convierten en signos luminosos de tu Pascua.

Participar en tu Cruz es ocasión propicia para vivir el momento más noble de la existencia, el más sincero, generoso, y humilde.

Gracias, Señor, por tu Cruz, y por los instantes que me has dejado sentirla, a la vez que me prestabas la fuerza y la suavidad de tu mano para soportarla.

Gracias, Señor, por tu Cruz, porque me ha permitido reconocer el camino auténtico, y sigue siendo el indicador de la dirección más acertada.

Gracias, Señor, por tu Cruz, por el abrazo que en ella me ofreces constantemente, al contemplar tus brazos extendidos, y tu costado abierto.