Fiesta del Nacimiento de María

Señora santa María: En nuestras fiestas de cumpleaños, vamos sumando fechas que se añaden al día de nuestro nacimiento. En tu caso, la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha ido sumando motivos para felicitarte.

Felicidades, María, por tu Concepción Inmaculada. Si hay un motivo sobresaliente para compartir contigo la alegría de tu existencia, es, sin duda, que fuiste escogida por Dios para ser su Madre. Nos estremece la contemplación del Misterio de la Encarnación, que Dios haya querido tomar de ti la naturaleza humana, la carne, para redimirnos.

Este día, no hacemos restricción mental quedándonos con la estampa de tu venida al mundo. Sabemos que estás con Dios, coronada de gloria, intercesora nuestra, Madre de todos los hombres, Reina de todo lo creado.

El papa Francisco nos ha escrito la carta encíclica Laudato Si, y en ella nos llama a cuidar la casa común, que nos ha regalado el Creador. El pueblo cristiano, a lo largo de los siglos, te ha visto, Señora, en medio de la naturaleza, y te invoca con los nombres de los valles y de las montañas, de los árboles y de las rocas. A tu nombre ha añadido, como apellido, las advocaciones más diversas, que se refieren a toda la creación. En mi pueblo te veneramos con el título de Virgen del Campo.

Hoy son muchas las regiones y pueblos que te celebran como patrona: Virgen de Covadonga, en Asturias; Virgen de Guadalupe, en Extremadura; Virgen de La Antigua,  en Guadalajara; Virgen de Begoña, en Bilbao…

Pero son los nombres con los que te invocan los más desfavorecidos los que más te acercan a quienes acudimos a ti como Madre, regalo de tu Hijo en la hora suprema de la Cruz. Tú eres Auxiliadora de los Cristianos, Refugios de los pecadores, Puerto de los navegantes, Consuelo de los afligidos, Salud de los enfermos, Abogada de los indefensos…

Dicen que en los lugares donde te rinden culto se percibe una especial protección, y sobre todo que son recintos en los que se derrama la gracia de la misericordia. Los Monasterios consagrados a tu nombre, las ermitas construidas en tu honor, los santuarios en los que se conmemora algún acontecimiento providente por tu mediación son  meta de muchos peregrinos que buscan alivio a su dolor, esperanza en su crisis, salud en su enfermedad, protección en sus trabajos, y sobre todo la certeza de tu mirada, de tus ojos maternales.

Virgen María, en la fiesta de tu Natividad, y como obsequio de cumpleaños, tendríamos que ser nosotros los que te regaláramos algo precioso. Sé que lo que más te gusta es que respondamos dóciles al querer de tu Hijo Jesús. Ayúdanos a decirle, como tú dijiste al Ángel: “Hágase en mí, según tu Palabra”.