Invocación al apóstol Santiago, Amigos de Buenafuente

Señor Santiago: Un año más los “Amigos de Monasterio de Buenafuente del Sistal”, de la Provincia de Guadalajara, abadía asentada en el Alto Tajo desde el siglo XII, llegamos hasta tu casa, después de peregrinar por el Camino del Norte, y de recorrer cerca de cien kilómetros por las tierras asturianas, las que iniciaron la ofrenda del incienso, recién redescubierto tu sepulcro.

Tres motivos nos mueven este año a invocarte: el estremecimiento por tantos cristianos que son martirizados, como tú lo fuiste; la necesidad de numerosos peregrinos que acudimos desde lugares muy diversos hasta tu casa, para implorar la misericordia y el perdón, que tan reiteradamente nos ofrece el papa Francisco, de manera especial el próximo año; y la acción de gracias, por ser testigos de la belleza de la casa común que nos ha dejado el Creador a todos los humanos.

Tú fuiste el primer apóstol mártir, y gozaste de la amistad más íntima con el Maestro. Hoy deseamos recordar ante ti a los que dan testimonio con su sangre de la fe en Cristo. También, este día se celebra a santa María Magdalena, mujer que gozó de la mirada misericordiosa de Jesús, y por este motivo te pedimos por quienes en los monasterios se dedican a la contemplación, los monjes y las monjas son la martyría blanca, porque de manera silenciosa ofrecen sus vidas por todos. Protege, apóstol Santiago, amigo de Jesús, a los perseguidos por su fe, y a los que por amor permanecen como ofrenda en los claustros, de manera especial a nuestras hermanas cistercienses de Buenafuente.

Hoy, con tus ojos grandes, ves ante ti a esta multitud de peregrinos, que de diversas maneras y desde distintos lugares del mundo, hemos hecho caminos de reconciliación, llevando sobre nuestros hombros intenciones propias y de quienes nos han pedido que los recordemos este día. Tú conoces el corazón, y sabes el dolor que se instala por dentro cuando se sufre soledad, como la que contemplaste en el rostro de Jesús en Getsemaní. Intercede ante quien sintió angustia y tristeza, por tantos que hoy caminan heridos por la vida; haz que en todos aparezca la luz de tu estrella, que se orienten nuestros pasos hacia la meta del cielo. Acoge las plegarias de todos los que hoy estamos aquí, y preséntalas ante el Salvador. Protege a las familias, tú, el hijo del Zebedeo, que gozaste de la cercanía de tu madre, quien pidió para ti la cercanía del Señor.

Señor Santiago, seríamos muy parciales si solo te presentáramos nuestras dolencias y necesidades. Ante ti, queremos agradecer al Creador del universo la belleza de la casa común que nos ha dejado, en expresión del papa Francisco. Somos testigos de la riqueza natural que remece los campos; como canta el salmista, “rezuman los pastos del páramo y las colinas se orlan de alegría, las paraderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses que aclaman y cantan. La acequia de Dios riega los prados y los caminos se pueblan de peregrinos que avanza hacia tu casa, colmados de esperanza.

Bendice a esta Iglesia apostólica que lleva tu nombre, siempre hospitalaria, a su obispo Julián y a su auxiliar Jesús, que nos distinguen con su amistad. Bendice a nuestro obispo Atilano, y a la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. Bendice a todos los que hoy querrían poderte invocar, a todos los peregrinos que se dirigen hacia este lugar. Amén.