vie

22

may

2015

Don de Piedad

El don de Piedad “es sinónimo de amistad con Dios” (Francisco).

Si recordamos lo que santa Teresa dice acerca de lo que es para ella la oración, pronto descubrimos en qué consiste el don de Piedad. Para la maestra espiritual “no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Vida 8, 5).

El Espíritu Santo es el Amigo del alma y el verdadero maestro espiritual, porque nosotros no sabemos pedir como nos conviene. “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar  como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones, conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión en favor de los santos es según Dios” (1Co 8, 26-27).

Jesús nos declara amigos suyos, y esta relación se consolida por el Espíritu que nos da. Sin Él no podríamos tener la seguridad de corresponder de manera adecuada a la declaración del Maestro.

¡Qué distinto es tener una relación con un ser superior, desconocido, vigilante, terrible, de celebrar una relación amiga, entrañable, íntima! El Espíritu Santo, con el don de Piedad, nos regala la posibilidad de tener a Dios por amigo.

Quienes nos dan testimonio de haber sido fieles a la amistad con Jesús, nos certifican la fuerza, el ánimo, el acompañamiento que se experimenta cuando se da fe a la declaración sorprendente del Señor: “Vosotros sois mis amigos”.

Quizá nos retrae el condicional de la frase evangélica, “si hacéis lo que yo os mando”. Un amigo estudioso de las lenguas bíblicas, me explicó que en el original no existe el condicional, sino la propuesta: “Vosotros sois mis amigos, cumpliendo mis mandamientos”. Tenemos la llave del corazón del Señor.

¡Cómo nos hace falta el don de Piedad! ¡Cómo nos ayuda saber que no estamos solos! ¡Cómo se agradece la amistad gratuita! En estos momentos en los que no convencen los discursos programáticos, sino que  se impone la inteligencia emocional de la vida, la declaración de Jesús, con la promesa del don del Espíritu, nos permite avanzar por la vida, no como francotiradores titánicos, ni como ciudadanos escépticos, sino como los amigos de Jesús. Esta fue la llamada que recibió san Ignacio de Loyola.

La santa de Ávila nos revela el secreto de su fidelidad: “Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir: es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero” (Vida   22, 6).

Espíritu Santo, no permitas que seamos insensibles al amor recibido, y danos también la capacidad de devolver amor, pues de bien nacidos es ser agradecidos. “Pues quiero concluir con esto: que siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene; que amor saca amor” (Vida 22, 14).